La nostalgia tiene luz. Pero también sombras. Todo pasaba al mismo tiempo. Todo siempre pasa al mismo tiempo. Somos una agregación de circunstancias concurrentes que convergen en el mismo espacio tiempo de una manera absurda y sin sentido. Una panorámica que solo mire el amanecer quedaría incompleta. También el anochecer cuenta. Aunque sea para ver estrellas fugaces, lunas menguantes. También el acantilado cuenta para otear el vértigo de no ser consciente de la altura a la vuelas, de la altura de las nubes que te fumas, de la altura de los planetas que visitas. 




En Nova Canet pasaban cosas. Muchas cosas. Pasaban cosas muy bonitas y muy feas. Son historias de cuando fuimos insconcientes a proṕosito. Sospechábamos algo pero preferíamos no profundizar. No conocer del todo. No asegurarnos. Queríamos avanzar por la selva sin machete pero con un cantimplora llena de un líquido desconocido. 

Se llama anomia a ese periodo fugaz de descubrimiento en el que todavía las normas no han reposado ni asentado. Todavía estan gestándonse. No es cierto que no exista normas. Siempre existen. Pero todavía no son formales. No tienen una estructura fija. Son maleables. El secreto del éxito de Nova Canet, bajo mi punto de vista, fue crear anomia durante un periodo fugaz. 

Nova Canet era un lugar alejado de cualquier núcleo de población de la comarca. No tenía contexto social aunque tuviera contexto urbano. La mayor parte del año estaba deshabitado. Lo que se descubría en verano se coloreaba en invierno. La ausencia de planificación urbanística permitió su nacimiento. La planificación urbanísticas alentó su crecimiento. La ausencia de control social adulto o incluso policial permitió su expasión. En resumen, la anomia fue la raiz del fenómeno. 

Nova Canet era un tiovivo que nunca paraba de girar. Sus horarios empezaban viernes y acababan domingo cuando tardear solo era salir por la tarde. Y salir por la tarde era habitual. La doble sesión tarde y noche era madurar y el after era jubilación por derribo. Esos horarios locos, continuos e imprevisibles se combinaban con usos locos y dispersos. Una hamburgueseria al lado de un pub, unos recreativos al lado de un pub. Nada parecía tener lógica ni pensamiento. Los ayuntamientos pequeños fueron pasto de los lobos urbanísticos pero en nuestro caso esa falta de normativa cristalizó en un lugar de exploración. La exploración como mentalidad debería ser explicada en el tránsito entre la adolescencia y la primera juventud. Explorar concita el interés de un grupo de personas que quieren saber qué es algo nuevo y todavía no construido. Explorar, por tanto, es construir un nido al que acabaran por llegar especies invasivas como la masa. Nova Canet fue un lugar de exploración durante un fugaz periodo de tiempo. La exploración tiene un punto de convivencia y otro de conflicto. Todavía no declarados. La exploración tiene un punto de trayecto y un punto de resultado. La exploración es huir permanentemente hacia un sitio nuevo al que no puedes evitar acudir cegado por la curiosidad. 

Pero los exploradores también acaban en grutas profundas. Los ochenta y los noventa en España pueden romantizarse críticamente con cachitos de hierro y cromo pero fueron la época de la inconsciencia. Quizá voluntaria. Quizá cerramos los ojos pero en el fondo sabíamos que aquello no podía ser cierto. No en su totalidad. Quizá solo una parte. 

Hablamos de una época en la que fumar era casi obligatorio. Dentro y fuera de los pubs y discotecas. La información sobre las drogas era escasa por aquella idea de no alentar con información el consumo. Recuerda: no había Internet. Te informabas con papeles. Sí, con papeles. Los mismos con los que quizá liabas un porro o te hacías una raya. 

Las drogas estaban disponibles y accesibles. Las ciudades con puerto siempre tienen industria de la distribución de la droga. La heroina y las jeringuillas estaban en cualquier descampado. En la playa. La cocaina dejó de ser la droga de los pijos para ser la droga de los que habían dejado los estudios para dedicarse a la construcción. Sin control. Sin información. 

Los coches llevaban cinturón pero no pitaban si no te lo ponías. Las motos se podían conducir sin casco. O con el casco en el codo. No podían ir tres en una moto pero pasaba. El autostop para ir Nova Canet era tan frecuente que había lugares de recogida y entrega. 

Dinero, anomia y sustancias accesibles fueron un coctel molotov para mucha gente. Algunos murieron, otros se han quedado atrapados en una juventud sin limites. El consumo social progresivo asociado a la cultura mediterránea dejó paso a un consumo más anglosajón de atracón. Beber más. Beber en el coche. Beber más rápido. Los parkings se llenaron de neveras portátiles que un día fueron para ir al monte a pasar la Pascua con tus padres. Alcohol, coches, sexo, drogas. Combina esas palabras como quieras. La ecuación tiene demasiadas incógnitas. 

Coches saltando por encima de los naranjos. Gente cortándose con botellas en la cara. Controles de policia con perros y subfusiles. Nova Canet también era guerra entre bandas. Palizas. Violaciones. Los testimonios de la policia de la época no dejan lugar a dudas. Mientras tu te divertías había gente en coma etílico. Ambulancias que no llegaban por falta de cobertura de teléfono. Dolor. Miedo para las familias. Todo pasaba al mismo tiempo. 

La noche te atrapa bajo su manto. A veces de estrellas y a veces de nubarrones. Hay una generación olivdada en vateres con pestillo. Sacudiendo tarjetas de credito. Liando tubos con billetes de mil pesetas. Probando setas. Convirtiendo una canción de Ximo Bayo en una experiencia vital. Extasi, extano... 

Podemos echarle la culpa a todo aquello que no parecía nuestra responsabilidad pero no seria contarnos una verdad verdadera. No sabíamos lo que hacíamos pero casi. Lo intuíamos. Y como sociedad hubo un momento en que se nos fue la pinza y la ropa se acabó volando dejándonos desnudos ante la vida.