La dimensión social de lo que supuso el fenómeno Nova Canet no ha tenido todavía un desarrollo amplio. Atreverse a ser el primero es atreverse demasiado. Pero la idea de pensar sobre un folio en blanco es irresistible. 

En la dećada de los ochenta la clase media española empezaba a poder permitirse soñar con una segunda residencia. Aunque fuera soñar. Soñar es pensar que algún día puede ser posible. Las marcas de siempre intentaban marcar la diferencia entre clases sociales. Las nuevas marcas que llegaban de Estados Unidos querían hacerse un hueco en la diferencia entre clases sociales. La cuestión era que por primera vez podíamos pasar de las Paredes a las Converse, de Lois a Levis aunque eso implicara un cierto autoodio. Todo lo americano parecía mejor. En ese contexto de promesa de un mundo mejor la bofetada del cierre de la siderúrgica del Puerto de Sagunto parecía ser un precipicio dificil de escalar por la huella de dolor e incertidumbre que creaba. 





Nova Canet emergía como el lugar de intercambio de cromos musicales, sociales y comunitarios. Durante un breve periodo de tiempo pudo ser un mercado de abastos de la modernidad recién adoptada con un cierto carácter escandinavo. Ese que obliga a no destacar. A practicar el Lagom. Ahora que casi todo el mundo podía tener un plumifero Karhu en lugar de baratu (disculpas por el chiste, no pude evitar ser viejoven) la cohesión social parecía garantizada en un nuevo tablero de ajedrez en el que casi todas las piezas parecían moverse en la misma dirección y con las mismas directrices. 

Durante un breve periodo de tiempo las tribús urbanas de la época compartían espacio como si convivieran en la misma casa. Rockers, Mods, Pijos, Heavies, posteriormente Emos... tenían sus habitaciones compartidas en el mismo piso de estudiantes en el que todo acaba mezclado, desordenado e incluso sucio. Cada tribú manchaba la masa. Podías tener un menú degustación de valores y sentimientos tribales de pertenencia. Una pegatina, un posavasos, una cinta de 60. Todo servía para crear comunidad sin saber todavía lo que eso podía llegar a querer decir. 

La pista de baile horizontalizaba la mirada. La oscuridad parecía querer difuminar la diferencia y sumergirte en una burbuja donde podías llegar a ser tú por un instante. Lejos de la mirada ajena pero cerca de tu grupo de pertenencia. Podías estar con ellos y sin ellos al mismo tiempo. Todo parecía igualarte en tu relación con el DJ. Como parroquia la relación con el dios de la música parecía individual y directa. Un hilo de sonido entre tu mente y un altavoz a punto de explotar. 

La exclusividad - durante un breve periodo- se basó en tu capacidad para sumergirte en la orginalidad, tu capacidad para interpretar el contexto más allá de tu bolsillo. Ser alguien diferente parecía prestigiarse en una edad en la que el rebaño conduce al pastor a la montaña. Cual era tu rollo no quería decir que fueras un rollo ni enrollarte significaba hacerte un lio. Durante un breve y fugaz periodo la autonstrucción tuvo prestigio. Poco a poco se fue difuminando entre marcas de coche, de vaqueros o de zapatilla. Las Dr Martens contaban tu historia y tu conexión con Londrés. Las Nike te erigían en embajador de Michael Jordan y las nuevas posibilidades. Durante un fugaz periodo fue dificil comprar la diferencia o la orginalidad porque necesitaba construirse, necesitaba artesanía. 

Las chicas definitivamente se hiceron guerreras y asaltaron los palacios de verano ocupados tradicionalmente por una mentalidad masculina muy basada en el modelo de poca palabra y mucho alcohol. Asaltaron las barras poniendo copas, asaltaron los podiums bailando, exigieron su derecho a vivir las mismas experiencias y cometer los mismos errores que sus congéneres masculinos. Afirmaron su derecho a una sexualidad más libre y abierta rompiendo los tabues marcados por el decadente imperio de la religión católica. Si la sacudida del crimen de Alcàsser no hubiera golpeado cada salón comedor y cada mesa camilla hubieran seguido haciendo autostop ajenas a cualquier riesgo. La historia no siempre avanza. A veces se para. Incluso retrocede. La historia del miedo explica mucho de lo que ha ocurrido desde entonces pero esa es otra historia. La cuestión es que las chicas, nuestras chicas, ahora mujeres, madres y alguna abuela decidieron ser libres, lindas y locas con toda la responsabilidad que eso implica. 

La llegada masiva de las chicas al ocio desde temprana adolescencia no fue un fenómeno sagrado ni puritano. Estuvo lleno de salpicaduras de dolor y arañazos de la vida. Pero parecía querer asentar el nuevo paradigma: la diversión masiva y horizontal. Si durante años la diversión nocturna parecía patrimonio de unos pocos Nova Canet democratizaba su acceso a las clases populares. Su diseño parecía perfecto para esa democratización. Realmente ir a Nova Canet era gratis si te la jugaban andando por carreteras que ahora calificaríamos de peligro mortal. Nova Canet era gratis. Te brindaba una experiencia gratuita. Estar. Estar era gratis. Mirar formaba parte de la experiencia. También era gratis. Hablar también era gratis. Lo que era caro era beber pero también se encontraron formulas para "democratizar" el consumo de alcohol. Frente al cubata individual se inventó el Cubalitro. Una especie de invención comunista de las sustancias evasivas. Los porros también se compartían con cierta naturalidad. Compartir la clave de Netflix de la época era hacer un fondo para un cubalitro con pajitas para individualizar higienicamente el consumo. Compartir no era gratis pero era más barato. Cualquier podía "salir". Un verbo que ha pasado de significar una cosa a tener un significado de mucha más inferencia. Vas a salir? No quiere decir si atravesaras la puerta. Todos sabemos que en Valencia salir a cenar no es salir, es cenar. Nova Canet no cobraba entrada. Rompía los esquemas del pub cerrado, de consumo musical sentado y quieto. Nova Canet era gratis. Podías ir y volver con el mismo dinero. Poco frecuente. Pero posible. 

Nova Canet no fue especial, fue contextual. Nada pasaba aquí que no pasara en todas partes. Pero nosotros lo vivimos aquí y así. Y tenemos derecho a contarlo, explicarlo y entenderlo tal cual lo vivimos. Incluso si eso nos hace sentirnos especiales. Incluso si eso nos obliga a mirarnos al espejo y entender que todo tiempo pasado siempre será anterior.