Antes de todo Nova Canet fue un lugar. Unas coordenadas. Un territorio marcado por diversas épocas. Primero fue un terreno de cultivo. Después fueron metros cuadrados edificables. Poca gente sabe que la idea de imaginar Nova Canet surge de una riada. El rio Palancia que ahora nos parece inofensivo fue también un riesgo y un peligro. El rio se desbordó a tal nivel que los huertos de la zona próxima al mar de Canet quedaron prácticamente inútiles e inservibles. Las coincidencias de la vida hicieron que esa época coincidiera con el surgimiento del turismo como alternativa económica. Cultivar naranjas y cultivar visitantes siempre se parecieron. Hay que sembrar una semilla de interés y curiosidad y después regar con descanso y diversión. 



Las autoridades municipales -utilizo un lenguaje clásico porque clásicas eran la autoridades- vieron la posibilidad de que la playa de Canet fuera una alternativa de riqueza para el pueblo y poder dar trabajo a los jóvenes. Esa visión vaga transformaria el entorno poco a poco. Primero la primera línea de playa con diversas construcciones de las que aún recordamos el nombre (Las Dachas, Amores, La Goleta... ). Pero realmente la explosión y el surgimiento de Nova Canet fue la urbanización de Brezo Nova Canet. La empresa que lanzó la propuesta urbanística más potente y que dió nombre a la zona. La historia de la empresa tiene su cosa pero no es el motivo de reflexión de hoy. 

Nova Canet fue, ante todo, una urbanización con todo lo que eso significa. Urbanizar como idea. El urbanismo como hilo conductor. Urbanizar como reconvertir. Urbanizar como imaginar. Urbanizar como crear urbanidad. 

El espacio fue decisivo en todas las fases de vida de Nova Canet. En la fase inicial creó una zona franca, un lugar seguro e inseguro, una Andorra para youtubers de la diversión. El territorio cuenta para el éxito y para el fŕacaso. 

Nova Canet era una plaza cuadrada. Donde hubo supermercados, carnicerias y pescaderías empezó a venderse otro género. Cada espacio fue apareciendo desde la intuición de emprendedores jóvenes que después hemos sabido que inventaron la industria del ocio en el lugar en el que en esa época pasaban las cosas. La ruta valenciana no se quedaba en la carretera de Pinedo. Hubo mil rutas a lo largo y anocho de todo el territorio valenciano. Rutas que convergian, se entrelazaban, se conocían y se comunicaban. 

No ocupaba más de medio campo de futbol y sin embargo aquel fue el primer contenedor de rebelión de fin de semana. Ahora todo se mide en campos de fútbol. Me uno a la moda. Pero el hilo de Nova Canet realmente partía de un camino, el sendero de Studio 82. 

La urbanización había previsto una zona comercial, un gran jardín y curiosamente una discoteca justo en el centro del jardín. Era Studio 82. La discoteca era el complemento perfecto para el verano de los veraneantes. Curioso que tengamos una palabra para un verbo tan extraño: veranear. 

Los primeros pubs surgieron para complementar Studio 82. Antes de entrar o después de salir. Ese hilo entre la zona de pubs y el jardín configuraria el camino de los sueños y los secretos. El jardín, con su luz ténue, se encargaria de susurrar a los caballos sálvajes de adolescentes cargados de hormonas. 

Hablar del jardín de Nova Canet es dificil en una época en la que había tantas prohibiciones como desinformación y atrevimiento. El jardín escondía escarceos sexuales pero también confesiones ińtimas. Quizá algunas nauseas de alcohol y otras de fiebre enamoradiza. Salir o entrar al jardín significaba algo. Todavía por determinar pero tenía significado. Significaba ir o volver, entrar o salir, aparecer o desaparecer. Supongo que el lector no necesita más guiños para entender lo que pasaba en las zonas menos iluminadas. El espacio comunica. Siempre lo hace. La parte atrás de Nova Canet, la parte norte, quedaba en un aparcamiento oscuro donde el coche se convertía en el hotel que muchas parejas necesitaron y no se podían permitir. 

El espacio habla, a veces incluso grita. El gran cuadrado que era Nova Canet dejaba un gran agujero central que se quiso rellenar pero no pudo completarse. Era una rueda, un círculo, una pasarela donde nos enamoramos de la moda juvenil, de los chicos de las chicas y los maniquis. 

El movimiento quería decir búsqueda. Rodar alrededor de un eje en búsqueda de esa mirada que llevabas toda la semana imaginando. Sin redes sociales el enamoramiento podía diferirse días, a veces semanas. Esperabas encontrarla, encontrarlo. Esperabas cruzartela, cruzartelo. Y esperar poder hablarle. Atreverte. Que sucediera. Que pasara. 

Para todo ello el movimiento era fundamental pero también el dominio del espacio. La quietud estática de la atalaya. El faro desde el que otear todo el mar. A veces, quedarte quieto era esperar ser encontrado. O quizá observar como el mundo seguía dando vueltas y tu mareado, lleno de luces y sonidos dispersos, sigues a la deriva en un barco sin rumbo. 

El espacio hablaba siempre. Continuó hablando cuando se expandió. Colonizó nuevos espacios y nuevos horarios. Primero Escuela de Calor invadió una zona todavía salvaje. Sus horarios empezaron siendo complementarios pero acabaraon por ser decisivos. Después vino el Sam y la "zona nueva" que siempre fue nueva aunque envejeciera rapidamente. 

El territorio nos fue marcando una panorámica horaria, musical y social. Alineados como planetas fuimos creciendo, cambiando de edad, de gustos, de posibilidades económicas y fuimos construyendo un apego a un espacio que nos parecía inmutable pero cambiaba tan rápido. Nos parecía la historia interminable y terminó ganando la Nada. Siempre crees que todo será eterno mientras dura cantaba Ismael Serrano. 

Por qué nos fuimos? Por qué nos movimos? Quién pensaba lo que nosotros vivíamos. El devenir es un caos estructurados en el que las causas solo se conocen con la perspectiva del tiempo. Era peligroso desplazarse desde todas partes a aquella ninguna parte. Había riesgos. Lo poco gusta, lo mucho cansa. Lo que un día fue la diversión de tus hijos pudo convertirse en la molestia de los hijos de los demás. 

Aquel espacio urbanizado también vio pasar la decada prodigiosa del ladrillo. La visión del apartamento soviético- las vacaciones obreras- pudo impregnar todo el desarrollo colectivo de la zona. Lo cierto es que Nova Canet empezó a ser Canet Playa porque la segunda, la tercera y la cuarta linea de playa fueron ocupadas por las sombrillas de compradores, inversores, visionarios o estafadores. 

Y el espacio manda. Lo que un día fue un loft diafáno fue llenándose de muebles y tabiques nuevos. Los bloques de apartamentos fueron completando la trama urbana. Urbanizar. Ese verbo. Y fueron presionando para que la molestia del fin de semana fuera desaparenciendo. No fue solo la molestia pero también la molestia. 

El espacio nos gritaba a través de las ventanas. Situado en el centro de aquel mundo podías escuchar diez melodías diferentes que conformaban una misma obertura. De cada pub salía una música diferente que te expulsaba y te atraía al mismo tiempo. Te seducia para entrar o te obligaba a migrar a otro país. Cada garito se convirtió en una nación en la que militabas o subastabas tu adhesión incondicional. Ventanas abiertas, puertas de entrada y salida libres. Una novedad que invitaba al tránsito, al flujo, al dejarse llevar por el flautista de Hamelin que pinchaba en ese momento. Suena loco porque lo era. Era la transición lógica de la "feria" en la que cada atracción ofrecía una música, un sonido, una muñeca chochona impensable hoy en día, una escopeta del ligue, un tren de la bruja. Los pubs de Nova Canet te hacían una oferta que no podías rechazar. Cada uno la suya. En un engranaje que durante un breve espacio de tiempo parecía armónico. Lógico. Un puzle de diversión. Un Lego del ocio que te improvisabas cada tarde-noche. 

Comptat i debatut, el territorio, el espacio fueron decisivos porque tomaron decisiones pero sobre todo porque fueron el escenario de la obra de nuestra vida, el teatro de los sueños en el que nunca caminábamos solos. La grada de animación de una final que siempre ganábamos o perdíamos en los penalties.