El cine argentino fue mi gran debilidad durante un tiempo. Me soprende que ese país, con una crisis económica e inflacionaria permanente, sea tan creativo y sepa construir ficción de tanta profundidad como ternura. En una de las películas de esa eṕoca argentinista ("El secreto de tus ojos") Darín cuenta una pequeña historia tan delicada que acaricia constantemente mi percepción de la realidad.
Todo ello tiene base científica. Cada vez que traemos un recuerdo a la mente lo reelaboramos. Podemos endulzarlo o edulcorarlo, podemos amargarlo o hacerlo más ácido. No está claro si la decisión es consciente. Quizá ojalá lo fuera. Ojalá nos pudieran implantar recuerdos bonitos. La mente humana suele edulcorar la memoria para garantizar la superviviencia. Quizá no podríamos sobrevivir recordando tanto sufrimiento. Como aquel cuento de Borges del hombre que lo recordaba todo y eso acabó por hacerle enloquecer.
Recordar Nova Canet no deja de ser ese ejercicio mental de reelaborar un recuerdo de un recuerdo. Con los propios sesgos, con las propias voluntades. Es un ejercicio de nostalgia crítica; si tal cosa puede existir. Me aproximo al fenómeno desde el cariño y el afecto de haberlo vivido y desde el estudio y la observación crítica de no querer romantizarlo.
El recuerdo del recuerdo de Nova Canet es mi recuerdo pasado por un filtro de pensamiento, conversaciones, escuchas y análisis. Desde la honestidad de no esconder que vivirlo te hizo sentirlo y recordarlo te esconde los rincones más oscuros. Las zonas menos iluminadas. Para tener una luz accesoria, complementaria e instrumental cuento con tu complicidad. Todo el mundo tiene una visión diferente de lo que fue Nova Canet. Todo el mundo tiene el recuerdo de un recuerdo de lo que fue Nova Canet.
Su punto de partida es seguramente una plaza cuadrada. La primera contradicción encima de la mesa. La hoguera que nos reunía no era exacamente circular, era cuadrada. Era un tiovivo constante de personajes. Una corriente a contracorriente en un lugar no-lugar. Nació y murió por las mismas razones. Creció al margen del mundo adulto. Sin móviles pero con mucho movimiento. Allí aprendimos a aprender. Por allí pasaba nuestro contexto. Si la vida es lo que sucede mientras tu haces otros planes fue allí donde hicimos nuestros primeros planes. Allí fue donde acudíamos al encuentro de nuestro crush sin saber que eso tendría un nombre tan extraño décadas después. Para nosotros era solamente el punto de encuentro. El mapa de "usted está aquí" que hicimos para empezar el viaje de la adolescencia y... la vida. Nova Canet quiso nacer para tapar un agujero, una carencia. Los ochenta no son tan bonitos como cuenta Stranger Things. Mas allá de mi Bicicross blanca la siderúrgica entró en crisis, la guerra fría estaba en su apogeo. Alphawille escribia su himno al miedo a morir joven que hemos reinterpretado a nuestro gusto para convertir en un himno a la inmortablidad. Hubo mucha gente que se quedó en el camino porque la evasión se convirtió en una ventana desde la que mirar el paisaje en un tren en marcha del que desconocíamos el destino. Ahora que está de moda decir lo fácil que lo tuvieron otras generaciones conviene recordar que la clase trabajadora nunca lo tuvo fácil.
Pero quizá en Nova Canet durante un periodo fugaz de tiempo ocurrió una conjunción mágica de situaciones contradictorias. Algo debe tener de especial cuando el recuerdo del recuerdo permanece. Puede que fuera la sensación de libertad plena sin vigilancia. Puede que fuera el espacio; una combinación de jardines secretos y musica que explotaba por las puertas y ventanas.
A veces me pregunto quien inventó el fin de semana. No es una pregunta absurda. Durante mucho tiempo, la mayor parte del tiempo, solo se descanba en domingo por prescripción religiosa. Después alguien inventó el sábado noche y un día alguien describió el viernes como "Friday, I'm in love" menospreciando toda la tradición anterior. Alguien inventó la evasión o victoria. Incluso aquellas drogas que tomábamos llegaron a llamarse "sustancias evasivas". Evadirte de qué. Evadirte de quién. Evadirte del miedo de las noticias, de los coches bomba, de los tipos de interés, de los exámenes, del miedo al futuro. Evadirte es intentar huir sin conseguirlo. Evadirte significa volver.
Y así fue como empezó una ceremonia, una liturgia que empezaba el viernes por la tarde y acababa el domingo... justo para llegar a ver Estudio Estadio.

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