Al empezar a hablar sobre este tema me asaltá una duda previa. Cuando hablo de mis características o mis experiencias sé que quiero concretar y ofrecer ejemplos de lo que los libros más teóricos y pedagógicos categorizan de manera abstracta. Pero por otro lado, es evidente que mi combinación de características es única: tengo alta capacidad intelectual pero también introversión, alto grado de neuroticismo, baja afabilidad, baja autoestima, alta conciencia introspectiva y la apertura a la experiencia depende de si es física o intelectual. Esta combinación de las cinco grandes de la personalidad puede que sea frecuente en la alta capacidad pero conozco personas con alta capacidad (no todas detectada pero bastante evidente) con otras características y otras respuestas a las experiencias vitales. 


Supero y expongo esa duda desde la buena voluntad de ofrecer alguna pista coincidente de lo que los libros teóricos, en su mayoría hechos para niños, explican en un marco teórico. Era lo que echaba en falta en mis estudios sobre alta capacidad y es lo que intento aportar. 

Este post es el resultado de releer el tono quejicoso que sin querer adopto por mi situación actual (crisis de sentido) en los escritos que había hecho hasta ahora. Mi memoria negativa es muy potente así que voy a forzar racionalmente los aspectos positivos de la alta capacidad que me ha hecho tener ciertas ventajas. 

Empezando por lo más tópico la memoria me ha ayudado mucho a lo largo de mi trayectoria académica. Memorizo fácilmente y con mucha velocidad. A veces memorizo sin querer y otras por impacto. Memorizo contenidos aunque no memorice viajes, ni experiencias, ni anécdotas. Memorizo ideas muy fácilmente y las relaciono con facilidad. Eso me ayudó a sacar los estudios de Derecho con facilidad y buenas notas. De hecho durante la carrera llegué a ser una máquina de memorizar de manera fotográfica los apuntes. En la vida laboral la memoria me ha ayudado mejorando la velocidad de trabajo. Esto no sé si es del todo bueno. Memorizaba números de cuenta, DNI de clientes, productos y sus características. A veces simplemente por diversión. En el banco eso ayuda pero no es definitivo. Lo definitivo son las habilidades sociales como la paciencia. Memorizo rápido y eso ayuda a avanzar en contenidos en cualquier materia que me proponga. Cuando en un proyecto el factor tiempo es importante leo rápido, memorizo rápido y decido rápido y eso me da valor. Cuando el trabajo es grupal y sometido a muchos filtros pierdo valor porque la velocidad no es determinante. 

Creo que para lo que más me ha servido la alta capacidad es para usar el pensamiento contriutitutivo. No soy nada gregario ahora. Puede que de joven fuera un poco más para encajar y ligar. Deconfio del pensamiento grupal porque desde pequeño he sabido que lo que le convenía al grupo para mi era un desastre. La selectividad alimentaria me ayudó a deshacerme rápidamente de la presión del grupo. O pedía algo que me gustara o si hacia caso al grupo me quedaba sin comer. El pensamiento divergente es el que me ha permitido encontrar mis "lugares" y mis "contextos". Cuando entré a trabajar en banca todo el mundo vivía obsesionado por los ascensos. Yo en algún momento también pude caer pero me dí cuenta rápidamente que había espacios mejores donde podía desarrollarme como persona. Así que cuando todo el mundo pugnava por la subdirección de una oficina o la dirección en plena expansión de la borrachera bancaria de los 2000 yo decidí que mi lugar era CCOO y ser sindicalista. Renunciaba a una hipotética carrera profesional pero ganaba en calidad de vida porque nadie me podía obligar a trabajar gratis por las tardes. Además, mi trabajo tenía un sentido ideológico y que estaba de acuerdo con mi forma de ver el mundo. Ahí me salí por primera vez del grupo. A veces dudo si esas decisiones fueron valientes o cobardes. Valientes por salirme del camino marcado. Era muy joven para renunciar a toda la carrera profesional pero también era lo suficientemente mayor para saber que eso de la banca no era lo mío. Ser sindicalista en banca me permitía estar de acuerdo con mi conciencia, seguir ganando dinero suficiente dentro de los salarios de banca, me permitía conciliar vida laboral y personal. Salirme del contexto social me salió bien. 

De nuevo me volvió a salir bien cuando tras dejar la banca en 2015 observé una tendencia de mercado extraña e inexplicable. Tras la crisis de 2010 (a España llegó en ese año la de 2008 de Estados Unidos) se habían dejado de construir casas y la compraventa de casas se habia hundido. En mis viajes por la Europa del Norte había detectado que el porcentaje de vivienda de alquiler era muy superior al de España. España constituía una especie de anomalía propietaria cercana al 82% pero era evidente que tras la reforma laboral de 2010 una generación había sido vendida a la precariedad y eso generaba una pregunta: ¿estaban preparados los departamentos de riesgo de los bancos para esta nueva evaluación de riesgos basados en la incetidumbre? La respuesta es que era evidente que no. El mercado de la vivienda estaba paralizado por falta de iniciativa y de compradores solventes así que con dinero en efectivo podías comprar auténticas gangas especialmente en casos de herencias y de cartera inmobiliaria de los propios bancos. Estamos hablando de viviendas en el entorno de los 30.000 euros (yo he comprado más baratas) que pasaban meses sin venderse porque nadie prestaba atención. Nadie miraba ahí porque estaban aterrorizados por las noticias de la crisis inmobiliaria. Pero era evidente que la gente continuaría necesitando casas para vivir. Una vez más mirar donde no miraba nadie y nadar a contracorriente era uno de mis fuertes así que me lancé sin miedo a ese mercado. Pensar fuera de la caja es rentable si tienes medios y conocimientos para hacerlo. 

El pensamiento arborescente ha sido también clave en mi vida. Es la clave de todos mis escenarios catastróficos pero también la clave del conjunto de conocimientos aleatorios que he ido acumulando. Soy lo que se llama ahora un generalista. Sé algo de música, de lingüística, de tecnologia, de economia, de fiscalidad, de legislación, de inversiones, de cine, de Internet y redes sociales, de historia, de psicologia, de antropología, de futbol, de comunicación y periodismo, de política diría que bastante. He sido bancario, sindicalista, formador, tertuliano, comunicador, cantante... Diría que mis intereses variados me han permitido relacionar mundos con relativa facilidad. Por ejemplo, hacer formación cantando o introducir perspectiva social en redes sociales, o psicologia en nuevas industrias sin consolidar. Creo que esto es lo que más ayuda de tener alta capacidad. Has profundizado en tantos temas que si tienes capacidad para relacionarlos de manera divergente (cosas que aparentemente no tienen relación) puedes abrir bastante mercado. 

Digo todo esto con toda la prudencia de no haber tenido ningún extraordinario éxito sino éxitos de ir por casa personalizados. Mi mayor éxito es poder vivir sin trabajar desde los 42 años aunque sigo intentando trabajar precisamente en esos caminos de la innovación por asociación divergente. 

Si unimos pensamiento arborescente, divergente y memoria también tengo una ventaja relacional: recuerdo muy bien otras épocas y otros procesos. El presentismo es un mal de la actualidad que te obliga a vivir muy pegado al instante. Sin embargo, muchos procesos son históricos y se repiten. Especialmente los estados emocionales grupales son bastante previsibles. 

La detección de patrones de conducta también díria que me ha dado ventajas. El pensamiento grupal es bastante previsible y fácil de manipular. Si detectas patrones de comportamiento rápidamente es fácil saber cual es el camino donde está la suerte. Así por ejemplo, es frecuente en España dejarlo todo para el final por diversas razones. Estan las razones culturales de baja productividad pero también los egos de responsabilidad (déjame que lo mire antes de entregarlo). Sabiendo ese patrón es fácil trabajar por anticipado para que cuando lleguen el momento solamente exista una posibilidad de cumplir plazos: la tuya. Para conseguirlo hay que superar esa manía de los superdotados de advertir al grupo de los peligros de la deliberación eterna por ejemplo. Si simplemente acudes, imitas a los demás en sus innumerables aportaciones del minuto de gloria y esperas a la última semana para presentar lo que ya tienes hecho puedes ganar bastante dinero. 

La velocidad de aprendizaje y la obsesión de contenidos en mi caso me ha conducido a una obsesión por la autonomia low cost. Como me cuesta mucho pedir favores pero me cuesta muy poco aprender he aprendido a hacer casi de todo en terminos digitales. Sé editar vídeo, sé escribir, sé diseñar webs sencillas, sé usar inteligencia artificial. Aprendo rápido y eso me permite no tener que esperar los embudos de "hasta que no llegue tal.. no puedo seguir". Simplemente yo me lo guiso y yo me lo como. Y eso es así porque a lo largo de la vida me he "obsesionado" con un montón de temas. Desde los drivers de la impresora o la partición de un disco duro hasta el manejo de Chat GPT. Me invade una obsesión por un tema y tengo que explotarlo al máximo hasta que tengo un dominio que considero suficiente. Claro, esto hay que relacionarlo con la multitud de intereses que tengo de manera que entra la variable tiempo y energía disponible. Es evidente que cuando la velocidad tecnológica se acelera los que tenemos velocidad de aprendizaje apreciamos valor. Todavía no entiendo por qué las empresas no detectan a sus altocapaces para ponerlos en los "experimentos nuevos". Son el mejor banco de pruebas porque lo tocan todo. 

Tras escribir sobre este tema me he dado cuenta de que no menciono tantos conocimientos como estrategias. En ese sentido mi capacidad para planificar y contemplar itinerarios lejanos es un poco friki pero me está resultando efectiva. Hace años que llevo un excel de gastos donde figuran los meses que me quedan de vida en términos estadísticos. Planifico mi fiscalidad, mi renta y mi patrimonio en función de la etapa vital en la que me hallo. No es obsesivo pero es gráfico. Una de las cosas que más he notado en diferencia con los neurotípicos es que tienen poca capacidad para desarrollar una visión a largo plazo. Creo que lo fundamental es que viven muy pegados a sus emociones y el vértido del futuro les paraliza. En mi caso creo que la alta capacidad me ha permitido siempre tener una visión a largo plazo que unida a una cierta disciplina relativa me ha concedido ventajas. Por otro lado la ansiedad anticipatoria me trastorna. Es la otra cara de la misma moneda. 

En mi configuración neurodivergente hay un elemento que no sé si va también asociado a la alta capacidad pero algo de relación debe tener. Disgrego bien lo emocional de lo racional. Las decisiones de inversión deben ser racionales y hay que revisar todas las falacias y creencias limitantes que tienes. La más importante es no enamorarte de las cosas. Todo mi patrimonio está en venta si me ofrecen un buen precio. No tengo aprecio a ninguna cosa.  Tengo un coche que me traslada y punto. No me otorga estatus ni me da prestigio social: solo movilidad. Lo mismo con el móvil. Miro prestaciones, no marca. No me enamoro de la ropa por la marca. Quizá sí por los recuerdos de una camiseta vieja que ha sobrevivido tantos años pero no tengo apego a lo material. Esta característica también la he leído en el marco teórico. Mi apego a lo material es escaso sin llegar a ser un monje budista. Tengo una buena televisión porque mi pasión es lo audiovisual. Poco más. 

De hecho al disgregar lo emocional de lo racional te permite encontrar muchos segundos óptimos. Mi teoria del segundo óptimo es que a la espalda del éxito y justo al lado hay una solución que mejora la experiencia en calidad-precio. Pasa con los restaurantes y pasa con la segunda mano. En una sociedad capitalista de consumo la gente es tan obsesiva con tener lo útimo de lo último que tener lo penúltimo es un negocio emergente. Si pierdes la sensación de "asco" de la segunda mano es fácil comprar buenos productos a precios increibles. Solo hay que superar las creencias ancestrales y la desconfianza asumiendo el riesgo. 

Finalmente, creo que lo que más ventajas me ha dado es la capacidad para coser el pensamiento generalista y coger de una caja lo que nadie imaginaria en otra caja. Así por ejemplo me he hecho experto en proyectos sociales innovadores. Mi capacidad de aburrimiento es muy grandes así que necesito estar en la última cresta de la ola intelectual en las materias que me gustan. Pero para eso hay que identificar patrones. Ahora por ejemplo hay una ola neoludita en contra de la tecnología. Todas las tecnologías han pasado por el mismo trance: negación, burla, aceptación, apología. Los selfies eran una vergüenza, lleva móvil encima era de frikis... si conoces los patrones del pensamiento grupal es más fácil ganar dinero y si disocias necesidades de deseos es más fácil vivir bien. Y creo que en esa intelectualización de las emociones los superdotados tenemos ventaja. A mi la intensidad emocional me secuestra a corto plazo en lo  micro pero en el largo plazo y en lo macro me sobrepongo con cierta facilidad. 

Repasadas las ideas creo que los estereotipos de la alta capacidad como experto/genio especialista en un solo tema no me son aplicables. Más bien creo que ha sido la no expertización generalista la que me ha permitido ser versátil en mundos donde nadie sabía nada de la caja de al lado. Diría que los conocimientos no me han servido tanto como las estrategias derivadas de tener alta capacidad. De hecho mis notas no me las pedido nunca jamás nadie. Con la obsesión que yo tenía con el sobresaliente. Qué decepción.