Realmente, si se leen los post de manera cronológica mis problemas eran mínimos. En el colegio fui un alumno empollón hiperresponsable de los que los profesores felicitan a los padres. Solamente en quinto de EGB tuve un problema con un profesor que me puso Notable y les dijo a mis padres que había sido por ser demasiado "soberbio". Solo recuerdo que era muy mal profesor. En quinto de EGB yo tenía 9 años y tengo pocos recuerdos por debajo de los 10 años. Esa es la verdad. En eso quizá no soy "tan" superdotado -como en tantas otras cosas- que soy un superdotado mediocre.
Trayetoría académica buena. Fuera del colegio mi vida era el fútbol con tres entrenamientos y dos partidos cada fin de semana. Mucha televisión. Siempre puntual por vocación. Nunca tuve hora de llegada ni de salida. Nunca la necesité para saber la hora a la que me iba a aburrir de hablar y hablar. Había un indicador problemático: mi imposibilidad de hablar con chicas como Rashid en The Big Bang Theory pero yo lo vivía con amores platónicos imposibles. No lo recuerdo como problemático aunque le guardo algo de rencor a aquellas chicas que no supieron ver en mi... bueno, que no supieron ni siquiera verme. A los 18 empecé a superar mi timidez con las chicas y no le dí mayor importancia.
Yo no recuerdo nada de eso como algo traumático o problemático. Los problemas empezaron cuando me incorporé al mercado laboral. Hasta entonces había vivido solamente un tipo de evaluación: la de los profesores. Y siempre habían sido buenas. Me evaluaban conocimientos. Ningún profesor de universidad me dijo "le bajo la nota porque usted no sonrie cuando se examina". Mientras lo que se evaluó fueron contenidos o conocimientos todo fue sobre ruedas. Pero entonces tuve que decidir qué camino laboral seguir.
Para un licenciado en Derecho la salida natural era ejercer de abogado o hacer alguna oposición. A mi no me apetecía ninguna de las dos cosas. Acababa de descubrir mi parte más creativa con mi ordenador personal y además el Derecho era -en sí mismo- aburrido. No le llegué a encontrar la parte creativa. Ahora con la aparición de nuevas tecnologías y nuevas preguntas quizá sí que se la encontraría pero en aquella época no quería saber nada más del Derecho en mi vida. Así que opté por ir al único sitio donde admitían licenciados en Derecho, se tenía buen horario y se cobraba bien: los bancos.
Y va y me cogen en el primero de todos y me mandan a una oficina al lado de mi casa. ¿Dónde está el problema? ¿Cuándo empiezan los problemas? Para eso necesito hacer algo de contexto.
Cuando yo entro en banca está muriendo un tipo de banca y naciendo otro. El que muere está basado en la confianza, la prudencia, la discreción y la responsabilidad. El que nace se basa en la agresividad comercial. Yo entro en la última hornada que buscan el antiguo rol pero me encuentro en dos o tres años con una exigencia comercial bastante agresiva.
El modelo de venta de banca tradicional era reactivo: un cliente entraba, preguntaba por productos (normalmente un plazo fijo), se le explicaba el producto y las alternativas y esperabas que esa "siembra" diera sus frutos porque trabajabas durante mucho tiempo en el mismo sitio. La gente confiaba en ti.
El modelo de agresividad comercial ya no era el agricultor de siempre sino de caza. Había que salir a la calle con la escopeta o bien "atrapar" a cualquier que entrara con tu producto "en campaña".
De pronto, mis cualidades de conocimiento de producto (fiscalidad y características), mi capacidad de explicación compleja (asesoramiento de inversiones) o mis conocimientos de idiomas valían una puta mierda. Lo importante era sonreir, hacer creer que el cliente es tu amigo, simplificar el producto, explicaciones básicas y firma rápida. Lo de la firma rápida era especialmente importante.
No soy un vendedor agresivo. Soy un chico más bien divulgativo o explicativo. Me sabía todos los productos de memoria pero no "obligaba" a firmar al cliente. Le decía que se lo pensara tranquilamente o cosas así.
No paso nada especial el primer año. Me tocó una oficina de banca clásica y paternalista donde hicieron un informe "piadoso" y me pasaron a fijo. Digo piadoso porque he de reconocer que no tengo ninguna de las habilidades sociales necesarias para ser un buen profesional de atención al público.
En aquella eṕoca se pasó del modelo de mostrador con cristal al modelo de atención en mesa. La gran diferencia entre los dos modelos es que en el modelo de mostrador la conversación era casi innecesaria o molesta mientras que en el modelo de mesa la conversación parecía obligatoria. Digamos que pasamos de "me puedes actualizar la libreta" a "¿Cómo van las vacaciones?". En ese nuevo modelo recuerdo que era muy importante la sonrisa y el entusiasmo. Llegaron los iluminados de banca (Bancos y Cajas de Ahorro no eran exactamente lo mismo) y hubo un director al que le encargaron "espabilarme comercialmente".
Visto desde ahora aquello tenía componentes de mobbing. No sonries, no contestas al teléfono con entusiasmo, no saludas, no miras a los ojos todo el tiempo. Todo lo que hacía estaba mal. Y mis habilidades no colaboraban. Una de mis funciones era ser metódico para cuadrar el efectivo. Si no tenía yo bastantes dificultades para ser metódico (antónimo de despistado) además hubo un cambio de moneda en toda España. Si no era ordenado con los papeles porque me aburría archivar cualquier papel perdido era culpa mía. Y no estaba mi autoestima para llevar la contraria. Todo lo hacía mal.
No me voy a hacer la víctima diciendo que hubo una conspiración contra mi. Aún tuve suerte de entrar en el banco y que no me echaran porque mi personalidad no se corresponde en absoluto con atender al público en cuestiones financieras.
Bueno, maticemos esto. Si me das una hora para tener una visión global de tu patrimonio y cómo ponerlo a trabajar para ti soy el mejor. Pero si tengo que mantener small talks (conversaciones de ascensor) con cada cliente y unos cincuenta o sesenta clientes al día me aburro. No sirvo. Mi mente se va. Se evapora. Yo escribía artículos mentales mientras atendía clientes esperando llegar a casa para poder teclearlos. A mi, realmente, los clientes me molestaban. Y así no se puede trabajar porque el cliente es el que te da de comer y tiene alternativas suficientes para no volver a verte nunca.
Digamos que hubo un seísmo en el modelo de banca y me pilló en mitad. Tuve buena-mala suerte porque gracias a eso disfruto ahora de libertad financiera. Aunque tuve que sufrir mucho.
El director que tenía que espabilarme parecía disfrutar con ello. Parecía disfrutar "humillándome" o "llamándome la atención". Escribo entre comillas lo que (hoy) me parece una exageración. Y por primera vez en mi vida sentía que estaba suspendiendo. Y más allá de eso: que no tenía ninguna posibilidad de aprobar porque lo que yo estudiaba (representaba) no salía nunca en el examen.
En términos futbolísticos querían delanteros cuando era un defensa sobrio. Estaba condenado al frácaso.
Ahí empezaron mis dificultades para dormir. Iba a la oficina con miedo. Un nudo en la garganta permanente. Cuánto más miedo tenía peor lo hacía y más me llamaban la atención y más me hundía. Cuando llegaba de la oficina me tenía que acostar a dormir porque estaba reventado y eso impedía que durmiera bien por la noche.
Cuando alguien está tan mal necesita consuelo y lo busca donde sea. Era la primera vez que alguien me decía que "no valía". Hasta entonces todo lo había podido superar. Y esa primera vez fue muy dura porque en el fondo tenían razón. Mi miedo no era el síndrome del impostor. Mi miedo es que me habían descubierto mintiendo. Mentí en las pruebas psicotécnicas, mentí en la entrevista. Fingí sería la palabra adecuada. Fingí porque quería un trabajo que me dejara las tardes libres para hacer lo que a mi me gustaba.
Años después al leer las características de la alta capacidad creo que nunca le recomendaría a alguien superdotado que trabajara en una gran empresa. En una gran empresa se producen normas internas de juego de suma cero. Los protocolos son rígidos. La innovación es caótica y desordenada. A veces es trepidante y a veces es ausente. Tus características de conocimiento extenso, curiosidad, capacidad crítica de ver el conjunto y no solo la parte, el pensamiento abstracto, la aportación de inteligencia colectiva. Todo eso es basura en un gran banco. En un gran banco hay solo una norma de supervivencia: haz lo que te pidan y un poquito más. Si eres capaz de estarte quieto puede que nadie te vea y te decapite.
Yo lo intenté todo. Me hice especialista de banca por Internet. Incluso me llevaron a Barcelona por mis intereses tecnológicos. Intenté ser el organizador de las cenas de empresa. Intenté caer bien a mi director jugando al puto squash a las 15,30 de la tarde sin comer. Nada funcionaba. Me estaban evaluando por mis habilidades sociales exclusivamente y se notaba que la banca, el prestigio social y esas cosas me importaban una mierda.
Si un día me extiendo con la idea de "habilidades sociales" en un país de predominio extravertido me despacharé a gusto con la idea de "patología contextual" pero como spoiler diría que yo no tengo problemas de relación social siempre y cuándo sea en contextos propicios para introvertidos (posibilidad de conversar sin ruido) y con la gente adecuada. Como todo el mundo dirá usted. Puedo resultar gracioso, puedo ser profundo, frívolo si es necesario, directo pero educado. Conozco las normas de comportamiento social. Otra cosa es que me aburran y me las quiera saltar. Pero conocerlas, las conozco.
Pero en esa época perdí mucha autoestima. Alguien agudo podría decir que la autotestima seguramente ya venía tocada de niño y esa "evaluación negativa" fue la primera porque hasta entonces me había esforzado muchísimo en no recibir ninguna a base de estudiar y estudiar. Pero bueno, yo tenía mis amigos, mi pandilla, mi novia, mi equipo de futbol (en un vestuario se aprendre mucho). No díria que era yo ningún pardillo.
Podría echarme al rollo de que yo era más joven, más alto, más guapo y más inteligente que mis compañeros y que algo de envídia se movía por ahí pero la verdad es que sería absurdo no entender que yo no valía para la banca de atención al público en su época salvaje. Ya está. Hubo un tiempo que lo entendí y me fui a hacer prácticas por la tarde a un despacho de abogados. Tiempo suficiente para saber cómo me aburría el Derecho. El aburrimiento debería ser asignatura obligatoria para los superdotados. Aprende a aburrirte o la cagarás decenas de veces. Para no aburrirte inventarás cosas que te llevaran de culo. O quizá te lleven a la genialidad.
En la primera ocasión en que mis "habilidades intelectuales" eran solo una parte de la evaluación me vine abajo. Quería una sonrisa, entusiasmo y cierres de ventas. Y yo era un chico serio, taciturno, curioso y políticamente señalado. Puede que eso también les molestara. También lo desarrollaré algún día porque también forma parte de la alta capacidad. Esos altos estándares de justícia y los altos ideales que pueden ser o no ser moralmente aceptados.
Me pusieron en mi sitio. El empollón no servía para cosas tan sencillas como contar monedas de dos euros. Pero me vine tan abajo que acabé en el médico pidiendo por favor que me miraran la garganta porque me dolía mucho muscularmente. Tenía un nudo en la garganta. No podía dormir. Me dolía la espalda. Tenía diarrea constante. Los domingos lloraba sin parar.
La solución era relajar el sistema límbico. El cortisol me estaba matando. He vivido veinte años con adrenalina y cortisol por encima de mis posibilidades. Pero en aquella época parecía que era el peaje de ser "importante". El estrés era la enfermedad guay de la gente importante. Si no tienes estrés no eres nadie. Era el principio del milenio. Yo todavía no me había conocido ni aceptado. Seguía el camino marcado. Acabar la carrera. Encontrar un buen trabajo. Socialmente reconocido. Ganar dinero. Comprar un adosado. Lo tenía todo. Eso sí no dormía, no decansaba, pasaba un miedo atroz cada día en la oficina. Los clientes lo notaban, los compañeros lo notaban. Era un pobre chaval a la deriva intentando gustar fingiendo con valores que no eran los suyos. Finge la sonrisa, finge que de verdad te crees que "nuestros productos son los mejores del mercado" cuando sabes que no es verdad. Finge para ser comercial. Y fingir me llevó a la debacle. Porque cuando alguien no es feliz busca felicidad en los rincones más oscuros.

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