Escribo en castellano porque escribe la parte emocional de mi cerebro. Es la parte que seguramente usaría si fuera al médico en una urgencia porque creo que en un momento de dolor físico o debilidad la racionalidad estricta es dificil de encontrar. De hecho cuando me encuentro mal me cuesta hablar en valenciano a pesar de que lo domino perfectamente y es mi lengua adoptiva y por tanto, voluntaria y gozosamente encontrada. Describir un dolor, una molestia, un síntoma, ataca directamente al sistema límbico de autodefensa porque está en cuestión la supervivencia. 


Por eso mismo entiendo que a mi padre (valencianopensante, valencianosintiente y valencianoparlante) le pasará lo mismo. Cuando a una persona valencianopensante el dolor no le deje pensar o se encuentre seminconsciente o le falte la memoria tenga que explicar lo que le pasa acudirá a su sistema más primitivo de autodefensa. Como lo haría cualquiera. 

Mi argumentación intenta ir más allá del argumento meramente emocional y legal. Cualquier persona tiene derecho a ser atendida en su lengua materna siempre que eso sea posible. Pero más allá de la falta de piedad que me inspira el hecho de hacer cambiar de lengua a un enfermo en su propia tierra intentaré acudir a argumentos racionales para intentar explicar por qué es mejor médico el médico que habla la lengua del paciente y por qué es el médico el que debe esforzarse en hablar la lengua del paciente y no al revés. 

Un médico es una persona y un profesional. Esto es determinante porque en la faceta profesional se le requieren unos conocimientos, actitudes y obligaciones. Yo hablo exclusivamente en terminos profesionales. Personalmente en su vida un médico puede hacer lo que quiera pero su parte profesional nos afecta a todos. Así que intentaré hacer ver que un profesional de la medicina que atiende en la lengua de sus pacientes es mejor médico que un médico que obliga a cambiar de lengua a sus pacientes. Y no solamente eso, sino que si no eres capaz de hacer el ejercicio empático de entender la lengua del paciente acabarás por ser sustituido por la inteligencia artificial. 

En Estados Unidos, donde no se habla valenciano però sí bastante español, sí que se han hecho estudios de atención médica. Allí la atención médica és una atención clientelar. Eso quiere decir que el paciente es también cliente y por tanto se producen encuestas de calidad de servicio que puntúan a los médicos y su atención. Una de las preocupaciones del sistema sanitario americano es cómo atender a quienes no hablan bien el inglés dado que un país de recepción de inmigración constante de sudamérica. El inglés no es lengua oficial porque los anglosajones no tienen ni idea de lo que es una lengua oficial. Estos estudios hechos con hispanos que hablan español (que casualidad del destino) llegan a la conclusión de que cuando el médico habla su idioma pasan menos tiempo hospitalizados, se recuperan antes y su estado de ánimo mejora. Así que asignan médicos que hablan español a los clientes-pacientes que lo hablan porque es mejor para ellos y para la factura del hospital y para el negocio de la salud. Win-win. 

Yo también quiero que me salven la vida, me gustaría que me atendiera el Dr. House y me detectara lupus a tiempo para salvarme la vida. Pero la sanidad no es una serie de ficción narrativa a vida o muerte. Centrar el debate en la idea estadísticamente minoritaria por la cual estamos ante un médico idiota pero que sabe valenciano frente a un médico brillante nacido en Albacete que no entiende una lengua latina mutuamente inteligible es centrar mal el debate. Estadísticamente las atenciones médicas más frecuentes son las interacciones de baja intensidad, de atención de proximidad, las que no son a vida o muerte. En ese tipo de interacciones hay un elemento central: la comunicación. Para hacer un diagnóstico certero el médico necesita encontrar un patrón, un conjunto homogéneo que encaje con lo que sabe de patologías. Ese proceso de comunicación debe ser cértero, exacto, preciso para determinar rápido que es lo que ocurre. Más en una urgencia. 

No sé si el ejemplo es bueno pero al convivir desde pequeño con una persona valencianoparlante acabas por encontrar diferencias graciosas entre las dos lenguas que habitan tu mente. Para mi padre no es igual "una trompà" que un "bac" que un "colp" que una "sacsejada". Si llamas a una madre valencianopensante para decirle que su hijo se ha "dado un golpe" no obtienes tanta precisión como si le dices que "ha caigut un bac". Un "bac" es menos grave que una "trompà", un "bac" es que se ha caido a suelo, una trompà es que se ha tropezado contra algo con un impacto más severo, si usa un "colp" seguramente pensara que otra persona la ha golpeado. Creo que es más o menos así. Cada lengua construye una visión del mundo y se ocupa de resolver prioritariamente sus necesidades. El valenciano se ocupa bastante de determinar la gravedad de un suceso porque eso mejora la cohesión social. Es mi hipotesis y mi intuición. No tengo datos y tampoco dudas. 

Esto es un ejemplo entre lo anecdótico y lo categórico. Lo que quiero decir es que uno es certero explicando las cosas como las piensa y en la lengua que las piensa. Y solo hay que entenderlo. No hace falta hablarlo. Para los fanáticos de la comunión linguística (emisor y receptor deben hablar la misma lengua) les diré que cada vez que un italiano y español hablan en inglés muere un lingüísta. No tiene sentido. Su rendimiento de inteligibilidad disminuye. Su eficacia comunicativa desciende. No hace falta que el médico que atienda a mi padre hable en valenciano (aunque la alegria que se llevaría mi padre mejoraría mucho su estado de salud) me basta que entienda las explicaciones de qué es lo que ocurre en la lengua més certera, rápida, exacta y emocional que domina. 

Pondré otro ejemplo que también seguro que mucha gente lo situa entre lo anecdótico y lo categórico. En el valenciano es frecuente el uso de dminitivos en situaciones donde el diminutivo es dificilmente explicable. Así usamos "frescoreta" aunque haga un frio húmedo que pela. Si partimos de la idea de que las formas lingüistica sobreviven porque son útiles llegaremos a la conclusión de que el diminutivo excesivo debe ser útil para algo. Probablemente ese algo sea desdramatizar. Si alguien se encuentra mal después "d'un esmorzaret" no debemos pensar que ha tomado una tostada de tomate y un agua porque probablemente se haya metido más de 1000 calorias entre pecho y espalda. Incluso el verbo "em fa mal" es menos dramático que "me duele". Gran parte del valenciano está construido para desdramatizar la realidad y un médico debe saber esas cosas. 

El médico necesita una comunicación rápida, certera y efectiva para emitir un diagnóstico y entender al paciente. No se trata de solamente de entender su literal. Si eres médico y crees que con entender una serie de palabras que rellenan el checklist de sintomatologia es suficiente creo que deberías leer sobre el diagnóstico de inteligencia artificial. El valor de un médico no va a ser (en diez años) recordar los cuadros y síntomas. Eso lo hará mejor una IA. Ya lo está haciendo mejor. La función del médico será usar las neuronas espejo para ejercer la empatía que -de momento- no ha podido ser replicada por la inteligencia artificial. Con las neuronas espejo vemos el rostro para determinar el dolor, el tipo de enfermedad, el estado de ánimo, el cansancio, la falta de sueño y el tono de las palabras, la selección léxica de las emociones, los sentidos connotados, el sentido del humor, el nivel cultural.... Detrás del lenguaje hay muchas cosas más. 

Intentaré explicarlo de nuevo acudiendo a la anécdota/categoria. Una madre sabe solamente con oir la voz de su hijo o verle la cara si está malo o triste. ¿Cómo lo sabe? ¿Por qué sabe lo que le pasa? Lo sabe por detalles sutiles e imperceptibles: el tono, la dirección de la mirada, el lenguaje corporal. Son esos detalles los que diferencian un cribaje eficaz en urgencia o un diaganóstico en tres minutos o en diez minutos. Y lamentablemente estamos ahí. Estamos midiendo tiempos de atención porque tenemos saturados los servicios públicos de salud. Y esa eficacia comunicativa urgente basada en la empatía no sustituible por inteligencia artificial solamente se puede obtener del conocimiento empático de los seres humanos médicos. Y la empatía en humanos es tremendamente lingüística. Cambiar de código puede ser un gran esfuerzo para un paciente por su situación de fragilidad. Yo mismo cuando estoy muy cansado me cuesta hablar valenciano y lo hablo con fluidez y casi de manera natural. 

Porque no solamente es compartir lengua sino compartir código. Si al entrar al médico, el médico habla valenciano yo puedo llegar a varias conclusiones. Algunas de ellas tienen trascendencia médica. Si habla valenciano significa que nació y creció aquí o lleva los suficientes años para saber cosas. ¿Qué cosas? Sabe más o menos mi alimentación, sabe la cantidad de horas de sol, sabe el tipo de clima, sabe los horarios (afectan al sueño), sabe costumbres (dominio de los extravertidos y su socialización), conoce los niveles de ruido. Quiero decir que puedo estar seguro de que compartimos un código completo. Eso significa que algunas de las cosas que no explico, porque las doy por supuestas, pueden ayudar. Si me aterriza un médico madrileño y le digo que me empecé a encontrar mal después de "almorzar" pensarà que ha sido a partir de las 14 horas pero yo estoy mal desde las 11. Compartir código no es cualquier cosa y una persona que atiende/entiende demuestra un conocimiento relevante médicamente. La lengua es también un banco de confianza. 

Por último, la medicina humana solamente superará a la robótica en cariño y empatía. ¿Cómo explicar que tienes una enfermedad incurable? ¿Como explicar que tienes una enfermedad degenerativa? ¿Como decidir si te operas ahora o no? Todo ello te sitúa en una situación de fragilidad y vulnerabilidad donde la comunicación lo es todo. No sé si dan comunicación en medicina pero parte de la velocidad de recuperación es transmitir esperanza, perserverancia, contagiar ánimo, felicitar el esfuerzo. No es necesario tener el "mitjà" para eso. Incluso solamente aprender algunas palabras o frases hechas ayudaria. Se trata de intentar que una persona que está en un espacio frío y alejado (así hemos diseñado los hospitales) lejos de casa puede sentir algo de confort y algo de afecto. Se trata de que el día que le den el alta pueda hacer bromas sobre "cagar fort i no tindre por a la mort", una expresión con dificil traducción literal. En la mayoría de las atenciones médicas no nos jugamos la vida, nos jugamos el estado de ánimo, una recuperación más o menos rápida, un diganóstico cértero, una prueba a tiempo... y en esos contextos la comunicación es el eje central, una comunicación efectiva, eficaz, directa, honesta y libre. Por eso el profesional debe esforzarse en entender la lengua del paciente y no al revés. 

También existe una variable utilitarista. Me cuesta entender a los médicos valencianos que después de haber estudiado una asignatura más durante toda la primaria, la secundaria y el bachillerato renuncian a que ese esfuerzo les otorgue algun tipo de valor añadido o ventaja comparativa. ¿Por qué renunciar a la recompensa de años de estudio de una lengua que más o menos conoces aunque no la hables? Qué sentido tiene? Claro que hay talento en Madrid, en Berlin, en Chicago y en Copenhague pero en algun punto debemos situar la calidad asistencial y mi idea es que la calidad asistencial en un territorio con dos lenguas pasa por el dominio profesional de ambas. En caso contrario no eres buen profesional para ese territorio porque vas a tardar más en dar un diagnóstico, porque te falta código, porque no le vas a transmitir código, porque te falta información, porque no la descifras totalmente. 

Finalmente, no sé si hay que requerir un nivel básico, no sé si deben tener una ortografia perfecta, ni siquiera si los informes internos deben ser en una lengua y los externos en otra. Lo único que les intento asegurar es que si un día mi padre se desmaya y se encuentra mal me gustaría encontrarme con un médico que hable su lengua, que le atienda y que lo entienda, que le explique las cosas con exactitud a él y a nosotros y que tenga mucha información sobre su contexto para tomar la decisión correcta, con la gravedad correcta y con el afecto y cariño correcto.