Todo lo que voy escribir es el fruto de mi autoreflexión, lectura, investigación e introspección. Nunca he recibido un diagnóstico con un literal claro. Solo he oido las palabras ansiedad y depresión. No es ninguna queja porque me ha costado muchísimo acercarme a pedir ayuda profesional tanto psicológica como (mucho más) médica por una serie de prejuicios que he tardado décadas en destruir. El principal prejuicio siempre ha sido "debo ser capaz de arreglarme solo". Supongo que es frecuente.
La cuestión es que no se debe tomar este post más que como una reflexión individualizada y personal. No soy médico ni psicólogo pero creo que leer a otras personas que pasan por situaciones semejantes puede ser positivo. En España las terapias de grupo son anecdóticas y creo que serían mucho más útiles de lo que parece. Supongo que la visión mediterránea del control social impide mejorar en estos aspectos.
La primera vez que recuerdo tener ansiedad que interfiere con la vida cotidiana fue a los 28 años. Matizo "que interifere con la vida cotidiana" porque la ansiedad es algo positivo y común a los humanos. La ansiedad es lo que nos hace rendir más en situaciones complejas. La ansiedad es un mecanismo de defensa ante el peligro. Es lo que nos hace huir o luchar al máximo rendimiento. Por tanto, antes de los 28 tuve, como todo el mundo, ataques de ansiedad vinculados con la selectividad o con una ruptura amorosa.
Esa primera vez tuvo un origen claramente laboral: mi puesto en atención al público en una oficina de banca con tres empleados desbordaba mis capacidades. Me refiero a capacidades para las que nadie me había preparado: multitasking, verbalización trivial constante, sonrisa clientelar, paciencia explicativa... Como se puede observar nada de eso se estudia en todo el recorrido estudiantil. Puede que tu personalidad (nivel de neuroticismo, extraversion, apertura de las experiencias...) te lo facilite o puede que tu familia te haya dado alguna de ellas. En mi caso ninguna de las dos cosas sucedieron.
Mi personalidad incluye una combinación que en el Mediterráneo es una condena: tengo alta capacidad intelectual (130 CI), introversión, rigidez, pensamiento divergente y timidez. Todo lo prohibido para un territorio hecho para extrovertidos ruidosos, despreocupados, flexibles-elásticos-informales....
Mi familia se preocupó mucho de dotarme de los valores que consideraban más importantes para una época que probablemente había caducado: fui educado en la hiperresponsabilidad, la disciplina, el rigor, la planificación, la austeridad.
Nada de eso servía para nada en una oficina de banca comercial en pleno proceso de expansión del nuevo modelo de hacer banca de la década prodigiosa del ladrillo. La banca se hizo mentirosa, falsa, hipócrita, irresponsable, sonriente, laxa. Así que yo era un alien atrapado en otro planeta.
Pronto llegaron las quejas respecto a mi sonrisa. Tengo un semblante serio, casi triste. Es mi cara relajada. Nada más. No implica ningún estado de ánimo. Cuando sonrío toda mi cara cambia pero eso supone un esfuerzo. Lo digo en serio. Supone un esfuerzo mantener todo ese gesto durante mucho tiempo. Mi mujer sonrie de serie. Lo hace sin querer. Con eso se gana a todo el mundo.
En banca de esa época había que ser un caradura -lo llamaban cerrar ventas- y había por defecto que regalar horas a la empresa por las tardes. Y yo no quería hacer ninguna de las dos cosas.
Reconozcamos aquí el error de intentar trabajar en banca. Deberían hacer test de personalidad para aconsejarte en los itinerarios vitales. Aunque en mi defensa diré que cuando yo entré (1997) todavía buscaban gente seria. En el año 2000 todo era diferente y buscaban piratas del Caribe para abordar las promociones inmobiliaria.
Así que las quejas respecto a mi eran contínuas: no sonries, no vendes, no llamas, no hablas para sacar información. Añadamos un cambio de moneda (Euro) y el caos que eso supone en una oficina y así podemos seguir la enumeración: no cuadras, no eres ordenado....
Si unimos los dos vectores: reponsabilidad+ jerarquia vs queja+rechazo el ataque de ansiedad estaba servido.
No ayudaba en ningún caso haber optado por una vida sentimental inestable tras una relación muy larga y muy convencional. Había tomado la decisión de vivir deprisa y la velocidad me estaba llevando al precipicio. Tener una vida amorosa inestable para un varón supone afrontar el rechazo con cierta naturalidad y yo tampoco estaba preparado para eso.
Por primera vez afrontaba el rechazo "generalizado" por decirlo de alguna manera. Hasta ese momento la ansiedad me había sido muy útil para sacar las mejores notas. Al imaginarme exámenes muy dificiles estudiaba para ello y eso me hacía estar siempre en la parte alta. Además mi alta capacidad para procesar información hacía que tuviera en mente más factores y pudiera relacionar unas asignaturas con otras. Finalmente, recibía una retribución positiva por parte de una autoridad objetiva (el profesor) y además el reconomiento de mis pares (compañeros de clase) como una persona brillante.
Llego a la banca y me dicen que nada de eso sirve para nada. Dramatizo? Puede ser. Pero lo de dramatizar queda para otro día.

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