Otra de las características que se atribuye en términos generales a los niños con un coeficiente intelectual alto es la rebeldía. Es frecuente que se rebelen ante la autoridad, ante la injustícia, ante las normas y para apaciguarlos es necesario razonarles todo desde muy pequeños. En general se recomienda aceptar eso (la argumentación) hasta cierto puento para que entiendan quien és el adulto y quien está todavía en formación. La cuestión por tanto de la que podríamos hablar és ampliar esa idea: ¿Qué es ser rebelde? Al respecto tengo muchos matices que aportar. 


Por un lado desde pequeño soy ultraracionalista y escéptico. Eso quiere decir que no creo nada de lo que me dicen hasta que no lo filtro por la racionalidad. Bueno, pongamos esto en cuarentena, ya que soy consciente de tener subconsciente y amígdala emocional. Quiero decir que mi escepticismo es antigregario y excluyente con la hiperemocionalidad. Requiero razonamientos lógicos y no órdenes. Eso es verdad. Mi matiz es que en mi caso nunca ha habido ni órdenes ni rebeldía. Yo solito he crecido en la responsabilidad, la formalidad y la madurez desde que tengo uso de razón. Nunca mejor dicho lo de usar la razón. 

No he tenido hora de llegar a casa nunca. Mi hermana sí. Básicamente porque yo me aburría antes de que llegará cualquier hora que pudiera ser sospechosa y porque mi gran pasión era dormir. Quizá por eso odio tanto la ansiedad: me roba mi gran pasión. A Einstein (recodar que uso citas de personajes para encontrar lugares comunes no porque yo me compare) le preguntaron un día que por qué dormía tanto. Él contestó "Es que cuando estoy despierto estoy mucho más despierto que usted". Así que igual era porque mi estar despierto era muy cansado. En el mundo autista es frecuente la expresión "me cansa mucho vivir" y yo algo de eso tengo porque estar despierto me resulta mucho cansado. 

Fui un viejoven. Ahora que las hijas de mi mujer estan en la adolescencia oigo mucho la frase: eso lo hemos hecho todos. Pues yo no. Yo cumplía todas las normas de la responsabilidad y la formalidad. De hecho era mi madre la que me animaba a salir. Creo que nunca me dijeron ninguna hora a ver si salía más a eso de los sitios con música alta y alcohol. 

La anécdota más graciosa que ilustra como mi rebeldía nunca se canalizó en lo microconductual es mi gran trofeo al jugador más disciplinado. Supongo que debo ser el único en el mundo que tiene un trofeo así. Visto así debería estar orgulloso. 

La historia es la siguiente: cuando tenía 12 años mi equipo de futbol La Forja hizo una cena de final de temporada con todas las categorías (entre 9 y 13 años). En esa cena se haría entrega de trofeos y premios. Yo  lo sabía y esperaba un trofeo al máximo goleador de mi categoría pero decidieron que solo habría un trofeo al máximo goleador de todas las categorías que era José Vicente. Después estaba el trofeo al mejor jugador que claramente era para Cesar Cuesta como años después quedó perfectamente confirmado. Entonces imagino que a aquellos adultos les quedó un vacío: ¿Qué hacemos con Carlos López? Así que se inventaron el Trofeo al Jugador más disciplinado porque nunca faltaba a un entreno. Siempre era el primero en llegar y el último en irme (tenía entremamiento específico de remate de cabeza). Veía a los rivales. Mi ropa estaba siempre preparada. Colaboraba marcando el campo, recogiendo balones o poniendo las redes. No protestaba. Era el niño más discipliinado del mundo, si eso existe. 

Como podéis comprender mi yo de 12 años se fue enfadado y avergonzado. ¿Para qué mierda quería yo un trofeo al jugador más disciplinado? ¿Donde pones un trofeo al jugador más disciplinado? Hola, ¿quieres ver mi trofeo al jugador más disciplinado? En fin, está en mi casa... Puedo subir una foto. 

Con la perspectiva de la edad entendí la buena voluntad de aquellos adultos que querían premiar una actitud, querían darme algo, lo que fuera para demostrarme su aprecio. Y se inventaron ese trofeo. 

Así que en lo micro nunca he sido rebelde. La disciplina del futbol pasó a la vida real. Ocupo mi puesto, desempeño mi función y espero que los demás hagan lo mismo cosa que casi nunca ocurre. Siempre he sido formal, responsable, puntual. Incluso en ciertas noches de "confusión" he permanecido más o menos igual de "disciplinado". 

Mi rebelión ha sido más bien macroconductual y muy matizada. Mi mayor temor al hacer la mili era no comer y tener que convivir con el concepto de autoridad militar. Sabía que írian a por mi. Era carne de bullying. Muy infantil todavía, buenas notas, ingenuo y formal. El ejército hubiera sido mi gran tortura así que me tiré de cabeza a la objección de conciencia. A los 28 años me salí del concepto de vida sentimental convencional y aún hoy creo que Silvia y yo mantenemos una relación poco convencional (sin pasarse oiga, que somos gente de orden). He intentado hacer viajes poco convencionales dentro de lo controlado. Pero sobre todo mi rebeldía ha sido siempre ideológica. 

En el banco tardé poco en acabar de sindicalista dado que mis compañeros parecían todos un poco aletargados o sumisos. Os tengo que decir que en banca cualquier persona con mínimas convicciones es Trosky. En política casi siempre he acabado en el sector crítico incluso por mi pertenencia a sectores más moderados. En todo caso siempre me he encontrado más cerca de la gente progresista a pesar de tener valores conservadores en mi personalidad. 

La rebeldía se ha manifestado siempre en intentar transmitir una intraconversación terrible y constante que huye de la certeza y se agrava con un laberinto de preguntas en espiral creciente. No me gustan los dogmas. Ni siquiera cuando he estado sumergido en dogmas ideológicos: nacionalismo o sindicalismo los he llevado a mi vida personal. Mi gran venganza personal es llevar todas las preguntas que tengo en la cabeza a aquellos que se suben a las olas de la certeza sin hacer ni un solo ejercicio de introspección y coherencia. 

En definitiva, soy el puñetero, el cuñado que te hace ver que en el otro lado hay algo de verdad. Últimamente el tema se ha acentuado mucho por el efecto Churchill: cuánto más mayor te haces más de derechas. La verdad es que quien me haya conocido de joven sabrá que no es así porque yo ya era un chico de 22 años que leía los documentos de Convergència Democràtica de Catalunya para aprender lo que es "una visió de País". Pero mi impresión es que a día de hoy la izquierda ha perdido completamente el norte como los comunistas y los anarquistas hicieron justo antes de la Guerra Civil. 

¿Soy rebelde? Depende. Sigo siendo el jugador más disciplinado si me demuestras autoridad y argumentas con brillantez. Seré tu más fiel seguidor. Pero si me vienes con dogmas sin datos, modas ideológicas o mierdas de ese tipo seré ese tipo plasta que te lleva la contraria con datos y estudios, preguntas profundas y reflexiones en espiral. Soy rebelde a la búsqueda de una causa. El día que hablemos de idealismos y demás grandilocuencias podemos ampliar este tema. Tengo ganas de ser rebelde pero ante las mayorías. Me encanta gestionar el minoritarismo. Me ha ido bien con lo abarcable y lo pequeño. Quizá eso sea la rebeldía. Salirse de la manada y mantener un idealismo ingenuo pero crítico. No sé explicarlo bien. Me siento rebelde pero objetivamente soy bastante "normal". Y todo eso sabiendo que lo normal no es más que una convención inexistente. Por tanto, tan imposible es ser raro como normal. 

¿A nivel micro de cada día? Sigo siendo un niño que hace los déberes en el coche de camino al colegio pero los hace. Mi mayor pecado es la pereza pero no creo que eso sea rebeldía. Soy obediente y me gusta poco la tensión. Si detecto tensión entro en mutismo como las personas con TEA (Trastorno Espectro Autista). Intento racionalizar y nunca me permito trasladar la cólera. Toda la ira hay que digerirla y así me va el aparato digestivo.