La jerarquia de la muerte es un concepto ampliamente estudiado en otras épocas. Así por ejemplo siempre ha sido frecuente la expresión: "mueren 170 personas en un accidente de avión, por suerte, no hay españoles entre las víctimas". Unas muertes son más importantes que otras: las de nuestros allegados, las de personas famosas o las que mueren en circunstancias especiales.
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Hoy nos ocuparemos de esa última categoria. ¿Por qué algunos sucesos tienen seguimiento mediático extenso y otros no llegan ni a las páginas de local? ¿Qué características hacen que un suceso reciba más interés periodístico? Mi hipótesis es que depende de la capacidad narrativa del suceso.
Para ocuparnos del tema necesariamente deberíamos contextualizar los datos. Los datos nos aportan una visión de reducción de los homicidios en España constante. Por tanto, nos encontramos en uno de los mejores momentos de la historia en cuanto a letalidad en delitos de homicidio. Y todo eso teniendo en cuenta que la capacidad y competencia para la denuncia está más sensible que nunca y la competencia y profesionalidad de los cuerpos de seguridad del Estado es más eficiente que nunca. En este contexto deberíamos vivir una sensación de sosiego (o mayor serenidad) que hace veinte años. Pero esto no sucede así. Y mi hipótesis es que tiene que ver con la necesidad de los medios de usar la alarma como energia para su negocio.
Podríamos definir la capacidad narrativa como la posibilidad de convertir en una película/serie el suceso en cuestión y si reviste los elementos narrativos que podrían configurarla como un éxito.
Por lo tanto, si consideramos que la decisión de incluir en agenda depende de los elementos narrativos podríamos analizar la jerarquia de la muerte como administración y gestión de la crueldad mediática en base a los siguientes conceptos:
- Sesgo profesional. Los periodistas son personas con sesgos ideológicos. El sesgo más presente es el progresista en los medios y dentro del sesgo progresista el más definido actualmente es el identitario porque no cuestiona ninguna estrcutra económica o laboral pero genera elementos divisivos próximos y emotivos que facilitan el debate binario/polarizado. Así pues, si un suceso entronca con la capacidad narrativa y además permite construir algun tipo de reivindicación "invisible" o considerado por la burbuja propia como transversal o de mínimos, esto hará que el conjunto profesional periodístico tenga más interés en publicitar el suceso. Así por ejemplo, la muerte de un varón sin techo a manos de otro varón sin techo con problemas de alcohol en una riña en un parque es una muerte que no reviste capacidad narrativa ni posibilidad de construir máscara de virtud con lo cual no será incluida en agenda.
- Contexto. Existen modas mediáticas, olas que permiten surfear como si fueran un cluster de notícias. Así hubo una época que los perros peligrosos tenían foco, otras veces es la ocupación. Si existe una ola en funcionamiento es más fácil que un suceso macabro encuentre eco y presencia. De no existir esa ola (ideológica también) no sucederá. Así por ejemplo, un enfrentamiento entre bandas latinas con resultado de muerte tendrá eco en función de la época del año y de su frecuencia. En caso de ser un hecho aislado la corrección política impide estigmatizar un colectivo (latino) y las posibilidades de narratividad se esfuman al desaparecer la figura del villano. Pero si se producen varias en poco tiempo entonces la capacidad de narrativización es más sencilla para enlazarla con el concpeto de alarma.
- La retroalimentación. Hoy en día es imposible prescindir de la coreografia mediática. La coreografía vendría a ser la capacidad de los medios para bailar con su feedback. Existen elementos de medida rápidos que permiten saber cuándo la retroalimentación es alta y cuando es baja. En este tema es fundamental la aparición de colectivos organizados de manera formal o informal para complementar la acción de los medios. Así un suceso que afecta a una mujer o a una persona trans tendrá mayor facilidad de retroalimentación que una muerte de un niño a manos de una mujer o el asesinato y tortura de un varón en un ajuste de cuentas por drogas.
- La capacidad para generar alarma. Después entraremos en los elementos narrativos clásicos pero como idea general el suceso debe tener capacidad para generar miedo. En el mercado de la atención el miedo es muy valioso porque es la energia que lo mueve todo. No hay mayor motivación para prestar atención que el miedo y su derivada el odio. Así pues, todos los elementos narativos estaran supeditados a crear una buena película de miedo. Y lo más importante para generar miedo es que el suceso me pudiera pasar a mi. Es muy importante la identificación de la posible e hipotética víctima. La han violado por la noche después de venir de fiesta: esto podría pasarme a mi. Han matado al niño por venganza en un divorcio: esto me podría pasar a mi o alguien como yo.
- Elementos narrativos. Si analizamos un suceso como su capacidad para ser narrativizado de manera natural nos encontramos con algunos elementos importantes:
- Villano. La figura del villano es fundamental. El villano debe encajar con un relato porque se contrapone a la figura de víctima. En la actualidad la categoria de víctima está prestigiada. El villano debe ser percibido como un auténtico peligro y debe ser abstracto. La creación de un asesino oscuro y con máscara es lo más preciado. En la actualidad se ha escogido como villano preferido el varón heterosexual malvado como categoría. De esta manera la alarma puede funcionar mejor porque podría ser cualquiera de esos hombres desconocidos que ves por la calle. Cualquiera de ellos tiene la maldad suficiente como para constituirse en villano. El resto de villanos funciona peor en narratividad. Así pues, si una mujer racializada (en lenguaje políticamente correcto) e inmigrante mata a una persona la narratividad se escapa porque la villana no es pura (fueron las circunstancias), la villana no aparece nítida, malvada. La villana no es capaz de simbolizar completa e integramente la maldad mientras que un hombre sí que lo es. Ni qué decir tiene que un grupo de hombres, blancos, nativos y atractivos es el villano perfecto para una buena narración.
- Protagonista. El casting de protagonista es tambien muy importante. La víctima debe ser maniquea, clara y evidente. El mecanismo de identificación debe ser urgente, directo y claro. "Podría ser yo" se tiene que plantear la audiencia. El miedo tiene que ver con la identificación con la víctima con lo que para crear miedo la víctima debe ser creible. Para que eso suceda es mucho mejor que pertenezca a una clase social concreta y mucho mejor si tiene cierta apariencia física agradable. Así las chicas guapas de clase media y los niños y niñas son víctimas narrativizables inmediatamente y con facilidad. Otros personajes de la vida real lo tienen más complicado. Así, un varón joven que muere en una riña tumultuaria no será tan narrativizable como un niño que muere a manos de su padre alcohólico mientras defendía a su madre.
- Recursos. Los recursos narrativos son "trucos" que permiten conquistar la atención. En el caso de los sucesos lo mejor sería que ya estuvieran contenidos. El más importante de los recursos es la "cuenta atrás". Si el suceso incluye una búsqueda es mucho más narrativizable porque el cerebro se activa cuando un problema no ha recibido solución. Se llama curiosidad. De ahí también surgen las explicaciones urgentes y las turbas de linchamiento que el Derecho Penal siempre ha tratado de soslayar pero han resurgido con las redes sociales. La cuenta atrás permite un aspecto muy importante: la serialización. La serialización inlucuye la necesidad de actualizar la información. La búsqueda del cadáver, el encuentro del cadáver, la búsqueda del sospechoso, el juicio. Es fundamental que el problema pueda ser serializado, por tanto, si un suceso pasa en una noche y el villano es detenido inmediatamente y además no existen efectos especiales las posibilidades narrativas se esfuman.
- Los secundarios. La aparición de los secundarios también puede determinar la capacidad de un hecho para constituirse en mediático. Si existen secundarios con la rabia suficiente o afan de protagonismo (a veces se mezclan) la construcción narrativa es más fácil que cuando la discreción es la consigna del entorno. A veces es incontrolable pero otras la falta del elemento narrativo del secundario (familiar que da titulares o con capacidad para simbolizar el dolor) hace imposible la narración.

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