La mejor definición que conozco de España es: "España es un lugar donde todo el mundo grita". Forma parte de lo culturalmente español la exageración y la exageracion de la palabra no podía ser una excepción. Podríamos preguntarnos por qué gritamos si nadie escucha, pero esto sería ya una reflexión de gente golpista y traicionera. 



El último grito -nunca mejor dicho- en audiovisual español es hacer españoladas americanas. He intentado ver Paraíso. Digo he intentado porque no he podido. No lo he soportado y ha sido el detonante para reflexionar sobre algunas dinámicas que observo como denominador común de la narrativa audiovisual española que intenta ser mainstream, acogida a la aculturación audiovisual americana pero con toques aborígenes. 

Ya he detectado patrones en varias series que empiezan a configurar una especie de moda/estilo que se caracteriza por la saturación española combinada con la pretenciosidad simplista americana. 

Si en el cine clásico español podemos encontrar espacios comunes para la genialidad y la españolada (o un mix de ambas cosas) a nuestro recuerdo vienen esas comedias clásicas en las que los hombres eran una especie de caniches salidos frente a conmovedoras protagonistas acusando capital erótico. Aquello configuraba un estilo que convivia con otros y que acuñó el concepto de "españolada". Quizá ahora la españolada se haya sofisticado y se haya hecho sutil a través de nuevas características: 

  • La hiperemotividad. Todo satura emociones. Cada escena es a bocajarro. Sin descanso. Si pestañeas te lo pierdes. Toda escena debe ser una sacudida. Los rostros deben ser histrionicos. Macarena Garcia o quien sea debe sobreactuar sus emociones. El estímulo emocional debe ser máximo no sea cosa que un adolescente acostumbrado a los estímulos de TikTok se aburra. 
  • Guión superlativo. La historia debe ser superlativa, grandilocuente, improbable pero verosimil. Tan curioso como que todos los extraterrestres de la historia decidieran aterrizar en Estados Unidos contando con tres cuartas partes de agua en el planeta. El guión debe ser laberíntico, exagerado. Da igual si en España y en ese contexto la historia encaja. Encaja porque estamos ante la pantalla y nos lo vamos a tragar todo. Encaja porque la predisposición funcionará y la exageración narrativa hará el resto. Por tanto, la historia cuánto más altanera mejor. Así se configuró mucha narrativa americana a través de centenares de asesinos en serie ficticios que nunca se han dado en la realidad. 
  • Saturación de protagonismos. Todo arte debe tener sus diez horas de gloria. El director de fotografia quiere su gloria. El de la iluminación ha decidido que siempre amanecerá o atardecerá. Que toda la luz será horizontal. El de fotografía decidirá que no hay serie sin dron,  ni plano cenital innecesario. El de maquillaje y vestuario también querrá marcar una impronta para la historia. Todo va a la misma caja de mezclas y la mezcla satura. La iluminación merece un capítulo aparte. Entiendo la creación de universos y atmosferas pero creo que últimamente (desde CSI) los de iluminación se han venido un poco arriba. Para ver El Cuento de la Criada necesitas vivir en un cine. Lo mismo pasa con Paraíso. Una cosa es que tengas tecnologia para grabar con baja iluminación y que eso te permita lucirte y otra cosa es que no nos dejes descanso lumínico a los que intentamos seguir una historia. 
  • Locución extrema. Por alguna razón que también desconozco en las series españolas con pretensiones mainstream pasamos del grito al susurro sin pasar por la normalidad. La velocidad de locución es insaciable. El silencio está prohibido o solamente sirve para remarcar la banda sonora (otro que querrá pasar a la historia). Las frases se encabalgan sin dejar acabar, sin pausa, a toda velocidad no sea cosa que pensemos que se paran a pensar las respuestas. El actor y la actriz lo tira todo rápido. Se lo sabe y puede hacerlo sin tener en cuenta que el secreto del encuadre es la elusión, lo que no está, lo que no se dice. 
  • Así todo debe ser mostrado. La elipsis es para listos. Todo debe ser verbalizado o remarcado visualmente. La inferencia de la trama está prohibida. No debe hacer saltos temporales. Todo va encadenado no sea cosa que nos dejemos a alguien en la cola. Las pistas deben ser expuestas y los giros remarcados. He de confesar que los laberintos narrativos están muy bien elaborados. Todos los recursos de la arquitectura de las tramas estan muy trabajados y eso ayuda a generar dopamina para el cerebro cuando se van salvando las metas volantes de la historia. Pero no me parece suficiente. No porque yo lo sepa hacer, sino porque lo he visto hacer en narrativa escandinava, francesa, alemana y -en ciertos momentos- británica. 
  • Los personajes deben ser verticales: una sola historia y una sola característica. Complicar un personaje con subtramas horizontales dificulta la comprensión y no estamos para dificultades. No hemos venido a pensar. Además es muy importante que la gente se desnude y folle. Al menos una vez cada episodio. Ayuda a mantener la atención. Da igual si eso coopera con la trama. La sexualidad exhibicionista y el miedo a la muerte son dos características del ser humano que mantienen la tensión y la tensión es el nacimiento de la atención. Ningun episodio sin su polvo o desnudo innecesario. 
  • Cuando pasen las décadas sabremos que una serie era de los años 20 porque tenía una persona homosexual, una asiática, una negra, una divorciada con dificultades, una adolescente problemática, una mujer en un rol masculino muy marcado y una sensación de alarma apocalíptica permanente. Todo ello de manera coral y sistemática. Sin anclaje. Da igual la época. Asi podemos incluir personas negras en historias de contexto histórico antagónico o mujeres en espacios poco habituales para la época. Porque podemos reconstruir la historia y así hacerla mucho más políticamente correcta. Esto nos reconforta porque nos hace sentir mejor dado que la historia es básicamente una narrativa de crueldad con episodios (pocos) de cooperación.
  • Busquemos la complejidad. Al fin y al cabo los efectos especiales son el gran salto del cine contemporáneo con Tiburón y La Guerra de las Galaxias. Hagámoslo dificil. Pero nunca nos compliquemos en una conversación. Toda conversación debe ser estática para que el peso caiga en los protagonistas. La cámara al hombro como si estuviera prohibida no sea cosa que se nos mueva un plano un milímietro y se rompa la simetria soñada por la directora de fotografia. 

Al igual que en los 60 la narrativa mainstream española -en la que ya ni incluyo estas cosas que hace Santiago Segura- hace convivir la genialidad innovadora con la imitación cultureta cuqui. Somos capaces de hacer Hierro, Antidisturbios y Patria que presentan características de madurez audiovisual europea cercana a la literatura mientras nos embarcamos en El Embarcadero, El desorden que dejas o Paraíso que beben de fuentes sólidas pero me resultan productos de invernadero, cultivados en un contexto artificial, con demasiada solemnidad y guiones tan vertiginosos que me generan ansiedad. Por eso te aconsejo que cuando detectes una atmosfera propia, con sobrecarga de iluminación horizontal, gente que susurra y folla en el minuto cinco, en el diez y en el quince, un plano de dron panorámico a mayor gloria del buscador de emplazamientos, y personajes tan previsibles como Don Pimpon y Espinete busques empezar otra serie. Siga rascando. Hay miles de premios.