La idea central de estas partes (que me estan quedando más largas de lo que esperaba) es que yo nunca hubiera pensado de mi mismo que tuviera una inteligencia muy por encima de la media. Pensaba de mi que era muy formal y responsable; eso sí. Y que ese esfuerzo daba resultados. 


Creo que la autoestima personal y el contexto familiar también cuentan en conocertes y aceptarte. Conocerte y aceptarte. Conocerte y aceptarte. Lo he escrito tres veces porque es lo que me hubiera gustado saber a los 12 años cuando empecé a tener algo de autonomia personal y de movimiento. La autoestima es autoimagen y el contexto familiar la construye con el verbo ser. "Eres despistado", "eres desordenado", "eres antisocial" "eres torpe", "eres raro". Estas son las que más recuerdo de mis "eres". Cada uno tendrá las suyas salvo que te toquen unos padres salidos de un mar de comprensión, aceptación y autonegación de expectativas. 

Así que yo era torpe, tímido, antisocial y en definitiva raro. Y no se equivocaban. Soy torpe por una mala motricidad fina, soy tímido, soy solitario y poco social y soy raro. Estadísticamente raro. Cualitativamente peculiar. Un raro de toda la vida. 

Mi autopercepción era buena aunque frágil. Era lo suficientemente bueno en el futbol y eso era muy importante en la España de los 80. Y sacaba todo sobresalientes. Así que era un niño ideal por esa parte estandarizada. Obediente. Guapo (mal está que lo diga yo pero pondré foto). Quizá muy tímido y con un mundo interior taaaaan grande que no cabía en mi habitación. 

Pero todo no iba bien. Por dentro siempre he sabido que era diferente. No sé explicar cómo ni por qué pero siempre me he preguntado por qué yo -si era tan listo- no podía aguantar tanto tiempo de pie en fallas con el ruido de las orquestas, por qué me aburría y me iba a dormir cuando mis amigos se quedaban comiendo pipas y mirando culos de chicas y sobre todo me preguntaba por qué había tantas cosas que tenía que vivir en solitario: la música, el fútbol, el cine. Mis gustos en estos temas eran excesivos o demasiado peculiares. Después he sabido que -según quien lo califique- son obsesiones, intereses restrictivos o pasiones de toda la vida. 

De mi extrema timidez con las chicas hablamos otro día que eso da para un post entero. Estábamos hablando de mi autopercepción y de si era posible o tenía alguna pista de que podía ser "superdotado" fuera lo que fuera aquello en aquella época. 

Alguna pista tenía. Era poco frecuente que alguien supiera las medidas del terreno de juego de Mestalla (104x68) y cuántos espectadores cabían de pie y cuántos sentado. Sabía nombre y apellidos de todos los jugadores. Todas las ligas y todas las copas por orden cronólogico, varias alineaciones históricas.... pero bueno... mucha gente coge esa afición por el futbol. Y más en aquella época. 

Realmente no empecé a plantearme que tenía algun "don" (gifted en inglés) hasta que me decanté por letras puras. Para los más jóvenes del lugar en tercero de BUP podías elegir "tu camino". Yo cogí letras puras (incluía latín y griego). Así que entré en una clase nueva, dejando a mis compañeros del colegio que me habían acompañado dos cursos y me encontré en un aula con un montón de raritos como yo. Decir raritos como yo es una falacia. Eran raritos como ellos. No como yo. La cuestión es que en esa clase leer a Baudelaire o Benedetti era casi obligatorio. Mi choque fue tremendo porque yo había leído mucha novela clásica en cómic pero mi secuestro televisivo me había dejado fuera de juego en lecturas intelectuales. Así que dificilmente podía pensar que yo fuera algo más que aquellas personas compañeras de clase tan cultas. 

Sin embargo, un día el profesor de literatura nos mandó que hiciéramos un comentario de texto sobre algo surrealista que había escrito Vicente Aleixadre. Lo puedes leer si quieres. Está aquí y se titula "La ira cuando no existe". Eran deberes para mañana y yo tenía un poco de fiebre así que me encontraba muy mal cuando escribí lo que yo pensaba que ese hombre buenamente había querido decir bajo toda esa montaña de metáforas que luego se convirtieron en mi forma más personal de escribir. 

Lo entregué pensando que había escrito cosas que nadie más entendería porque eran intuiciones. En mi cabeza esas imágenes (metáforas) se recreaban y tenía un sabor, un olor y una emoción asociadas. Lo entregué por entregar algo. Me encontraba mal. Yo que sé... lo entregué y ya está. 

A los pocos días el profesor de literatura nos devolvió los trabajos corregidos pero antes dijo que quería leer uno (todavía me emociono al recordarlo) y empezó a leer y yo empecé a reconocer que era el mío. En aquella clase de intelectuales que sabían lo que era Mayo del 68 (yo me enteré ese año con 16 añitos) estaba leyendo MI TRABAJO. Recuerdo que todo cambió dentro de mi y en cómo me trataban mis compañeros. Por eso es tan importante el reconocimiento, el acompañamiento y saber quién eres y cómo eres. Ese día descubrí que era "inteligente". Y eso me dió fuerzas para intentar ser más "inteligente". Me dió las bases para mi mayor gloria académica. Mi matrícula de honor en COU. Sin aquel espejo. Sin esa persona que leyó aquel trabajo nunca me hubiera visto con la entereza de ir a por lo máximo. Fui a por lo máximo porque pensba que podía conseguirlo. También por la beca. Para mi muy importante no costarle dinero a mis padres pero la hubieran pagado con gusto la matrícula. Desde ese día cada trabajo que entregaba confiaba más en mi intuición, en esas imágenes raras que se formaban en mi mente. Ya no era mi memoria fotográfica que recordaba capitales sin querer. Era entender códigos que nadie más entendía. Entender a Vicente Aleixandre en una poesía con una densidad de metáforas casi críptica. Era ver más profundo y más ancho pero hacia dentro. Había un espacio oscuro entre mis dos orejas que no se acababa nunca y era capaz de pequeñas cosas "brillantes". Brillantes porque tenían brillo. 

La idea de hoy es que para saber quien eres alguien tiene que dibujarte. Es muy importante tener cerca gente que no te mienta pero no te machaque. Tu contexto te tiene que dar una imagen certera. Era torpe, desordenado (menos de lo que mi padre piensa) pero también era capaz de encontrar significados a las palabras que nadie más veía. Y eso era algo especial. Era raro porque veía cosas que nadie más veía. A veces eran fantasmas (preocupaciones innecesarias) y a veces eran obstáculos o oportunidades. Veía un poquito más allá. Esa era mi gran ventaja y mi gran condena. Si ves más allá sabes antes las cosas. Si sabes antes las cosas y las comunicas a alguien que no puede ver lo mismo que tu te conviertes en un agorero. Con el tiempo me he dado cuenta de que todas mis características son ambivalentes. Me generan ventajas e inconvenientes dependiendo del contexto, de la etapa, del tema. 

Pero, por fin, sabía que había algo en mi que estaba fuera de lo común. Aquello hubiera podido ser una pista. Más allá de "qué guapo soy y que tipo tengo". Aquello junto a la explosión "ideológica" de la universidad y después la revolución creativa de la informática debería haber sido suficiente. Ahora que sabemos las claves mi sobrino tiene la suerte de saber algunas cosas. Es dificil hacerle entender todas con 12 años pero espero poder transmitirselas. 

El próximo día hablamos de la "revolución ideológica" que en realidad era la traducción de ese alto estándar de expectativas, de justicia moral, de responsabilidad. Todo junto con los ingredientes de proximidad a los que tuve acceso. Creo que tuve suerte. Mucha suerte. Bueno, podría haber estudiado Teleco pero no hubiera sido yo.