Antes de relatar la explosión que supuso en mi cabeza la aparición del primer ordenador en mi casa creo que convendría situar todo en su contexto histórico.
Nací en la España de 1972. En aquella època ni neurodivergencias, ni altas capacidades ni leches. El niño era rarito y tiquismiquis y para resolverlo había que aplicar castigos y disciplina. El niño se quejaba de las etiquetas, del tejido del chandal, de la colonia que caía a chorretones cuando lo peinaban. El niño venía con las manos sucías cada vez que se caía para que se las limpiaran en lugar de revolcarse en la tierra como los demás. El niño no quería comer demasiadas cosas. El niño tenía un muñeco con el que jugaba pero las madres se metían con él porque era de chicas. El niño leía todo lo que entraba en casa. Buscaba insaciablemente nuevos cómics de Famosas Novelas, del Jábato, del Capitan Trueno e investigaba en los antiguos que encontraba de Roberto Alcázar y Pedrín o El Mago Mandrake. Devoraba todos los tebeos y las colecciones de Walt Disney. Leía todo lo que había en casa. Fuera el Libro de la Mujer, el Pronto o Miguel Strogoff. Pero en mi casa entraba poca cosa. No sé qué hubiera pasado si hubiera habido más estímulos en casa.
Había estímulos. Los de la época. Mi padre es un gran melómano. Así que el niño sabía silbar partituras de memoria. Pero el niño era introvertido así que todo esto pasaba en su más estricta intimidad. El Lago de los Cisnes o la Obertura 1812 las conocía nota a nota pero silbadas. Por qué? Mi padre silbaba muy bien y yo quería ser más que mi padre. Nadie considera silbar oberturas en el año 1980 como un mérito. Especialmente si no sabes tocar la trompa que fue el instrumento que me tocó en mis estudios de música.
A los nueve años me apuntaron a música. Mientras todo podía llevarse de memoria ningún problema. El dictado se me daba bien. Sabía que notas y qué duración. Cantar se me daba relativamente bien. Pero leer música no. Así que me sabía todo el libro de memoria. Da igual qué lección me hubieran pedido. Sabía el libro de memoria. Pero el mérito era leer partituras, no memorizarlas. Así que tampoco pensé que eso fuera nada meritorio por mi parte. Más bien me estaba escaqueando de hacer el esfuerzo de leer.
A veces, me pregunto si hubiera tenido més estimulos por casa, algun mentor que me hubiera provocado y no hubiera sido introvertido, tímido y autodidacta. Pero eso es historia ficción porque -de facto- yo tomaba mis propias decisiones.
Una de elles fue apasionarme con el fútbol y con el Valencia. Eso llegó a ser una obsesión. Los cromos de cada verano eran mi verano. Coleccionar, cambiar, negociar, buscar, encontrar. La velocidad para saber si lo tenías o no lo tenías. Algunos niños pasaban los cromos muy despacio. Yo pedía que fueran más deprisa. Lo tengo, lo tengo, lo tengo... más deprisa por favor.. que me aburro. Ese camino lo escogí yo. Me obsesioné con el fúbol. Porque ese era mi mundo.
La idea de "mi mundo" es importante. Pronto me emancipé de mis padres. A los diez o once años les dije que no quería ir a hacer "sus" actividades sociales y que me quería quedar en casa. En casa sólo era el rey del mundo. Mi mundo en ese momento era ya muy distante de los addultos. Había pasado algo previo al ordenador: apareció la primera televisión en mi cuarto.
En el trabajo que entregué para mi título de "Detección de altas capacidades" o algo así de la UNED hablaba de la inteligencia contextual. No me refiero a la inteligencia de interpretar los contextos sociales presentes sino de que realmente eres víctima de tu contexto histórico. Ahora muchos padres no saben que tienen en casa algunos de los mejores jugadores del mundo de eSports. Solo saben que estan todo el día con la maquinita. En mi época estar todo el día con el balón y no sacar buenas notas era motivo de recriminación. Yo siempre saqué buenas notas así que no tenía problema. Cuando hablo de inteligencia contextual es que tu talento debe ser valorado. Cada época valora unos talentos y menosprecia otros. La escritura literaria no creo que fuera muy reconocida cuando la mayoría de la gente no sabía leer. He leído que Bethoven fue el primer ídolo Pop y que a su entierro acudió mucha gente. Eso sucedió cuando la música fue un talento reconocido. Quiero decir que si tu talento hoy en día es desconsiderado (hacer rimas rápido) encontrarás un reconocimiento relativo. Pasa en todas las generaciones y en todos los contextos. En mi caso fue el audiovisual.
A mis padres les tocó una una televisión portátil roja en una rifa de la falla. Y la pusieron en mi cuarto. Esa fue mi ventana. Dejé de leer. En parte porque era ya "mayor" para leer cómics y tebeos y en parte porque me pusieron gafas y nunca he leído bien con gafas. Pero apareció aquella tele. A la distancia adecuada (tengo hipermetropía) y además pude ver la tele sin control parterno. Siempre he cerrado la puerta de mi habitación porque una habitación con la puerta abierta es un cuadrado imperfecto. Tiene un espacio de fuga. Y no me gustan las imperfecciones. En uno de estos capítulos hablaré de Sheldon Cooper y cómo me ha ayudado ese personaje y sus amigos a entenderme. Cada uno tiene una característica mía. Yo -como Rachid- era incapaz de hablar con chicas. He necesitado años y litros de alcohol para conseguirlo.
Aquella tele me sumergió en un mundo nuevo. Canción Triste de Hill Street, Mash, McGyver, Dinastia y sobre todo... todo aquel enjambre de sitcom que inauguraban el softpower americano respecto a nuevos modelos de familia y relaciones con los padres. Blossom, Family Ties, Cheers.
En realidad la tele entró en mi cuarto cuando tenía nueve años (1981) y estoy nombrando series posteriores. En parte es porque no tengo memoria temporal. No situo las cosas en sus fechas concretas pero recuerdo las emociones que me hicieron sentir. A favor mío diré que mi abuerlo paterno murió cuando yo tenía 14 años. Así que con 9 años tuve tele propia en blanco y negro. Pero con 14 heredé televisión y vídeo en mi cuarto. Fue la emancipación total. Solamente abandonaba mi habitación cuando ocurría una especie de mentoría que no quiero menospreciar.
A mi padre le gusta mucho el cine y la música. Lo audiovisual todavía no era en España algo virtuoso. En Estados Unidos hacía tiempo que lo era pero en los 80 saber mucho de tele era cosa de niños "cabezcuadrada". Yo seguía mi itinerario audiovisual de niño preadolescente con una característica muy marcada: accedía a contenidos que eran para adultos incluso a demanda de mi padre.
No estoy hablando de porno (tener vídeo propio ayudaba a conseguir algo erótico con lo que sobrevivir a la adolescencia) sino que estoy hablando de violencia, maldad, complejidad, dolor, euforia, psicopatia. Era mi propio padre el que me exponía a La Clave. Un programa que actualmente es inverosímil y duraba cuatro, cinco o seis horas si era necesario. Se proyectaba una película y se comentaba entre varios expertos su contenido, su contexto.. etc.
Era mi propio padre el que me pedía que viera con él el ciclo de Hitchock. Fue mi propio padre el que me llevó al cine a ver El Álamo muy pequeño. El Álamo es la historia de un suicidio colectivo pero con épica norteamericana. Y cuando digo "mi propio padre" lo digo con agradecimiento eterno porque esa madurez audiovisual que alcancé tan pequeño me ha hecho vivir muchos momentos de felicidad audiovisual. Entrenas tu mirada. Te hastías antes de lo obvio. Detectas antes la genialidad. Te adhieres a lo genuino, original o nuevo. Mil gracias a mi padre por obligarme a ver todas aquellas películas en blanco y negro cuando el color empezaba a tiranizar la televisión. Mil gracias por poner todos aquellos discos los domingos por la mañana a todo volumen y pedir que fuera allí a disfrutarlos.
Pero aquello no era inteligencia. Era inteligencia tocar el piano pero no silbar la Obertura 1812. Era inteligencia jugar bien al ajedrez, no cambiar cromos y acabar el primero la colección. Era inteligencia dibujar, escribir pero no saber de televisión social venida de los Estados Unidos. Como ahora no es inteligencia saber de historia de los videojuegos porque a los adultos no nos da la gana considerar inteligencia eso.
Así que yo nunca fui inteligente porque a quién le iba a contar que Michael J. Fox és el simbolo perfecto de como una generación de norteamericanos se enfrentó a sus padres e imponer una agenda conservadora y liberal en la economia en Family Ties. A quien le iba a contar yo que Blossom era mucho mejor que Los problemas crecen o La hora de Bill Cosby a la hora de afrontar las relaciones familiares y la comunicación huyendo del modelo autoritario? A nadie. Yo solo acumulaba información, visionados, horas, narrativas. Adivina qué soy ahora. Sí, és fácil: soy licenciado en Comunicación Audiovisual y un día hice un examen de las televisión de los 80. Adivina mi nota.
Mi idea central en el post de hoy es que las pasiones y obsesiones que desarrolla una persona de alta capacidad no se tienen por qué corresponder con lo valorado socialmente por el mundo adulto. La motivación intrínseca y la curiosidad extremas tienen caminos inexcrutables y ocultos. Puedes pensar que tu hijo es idiota porque saca malas notas pero es un genio del FreeStyle. Más o menos lo que era Lope de Vega.

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