Hoy me he levantado sin nudo en la garganta. Sin tristeza. A veces tengo la sensación de que mis emociones funcionan en modo aleatorio pero últimamente trato de encontrar un patrón. Hay algunos datos que me ayudan a testar cuando estoy bien y cuanto estoy mal. Si soy capaz de leer un libro es que estoy bien. Cuando estoy mal solo leo lectura efímera que me genera dopamina rápida con una curva de interés constantemente en alza. El otro día leí una reflexión que me parece acertada para las personas con sobreinteligencia: la curiosidad por saber más no es más que una manera de no aceptar y tapar la incertidumbre. Es cierto. No hay nada peor para una mente como la mía que la incertidumbre. La incertidumbre y la ausencia de esperanza.
Los estudios de felicidad atribuyen una mayor sensación de felicidad a las personas creyentes. Imagino que esos estudios parten del sesgo de disponibilidad que marca la pregunta: creyentes en qué? Ahora mismo hay dos tipos de creyentes. Por un lado los creyentes clásicos religiosos que atenuan la incertidumbre atribuyendo cualquiera de sus manifestaciones a los designios de un ser superior. La esperanza alimenta su sensación de que el futuro será mejor porque "alguien o algo" cuida de ellos. Pero la secularización nos ha traido nuevos creyentes. Desde que empecé en ideologia me dí cuenta de que había gente que convertía sus creencias en una vocación de vida. Da igual si es una lengua, un país, el bienestar animal o una espiritualidad pretendidamente no basada en el libro. Mucha gente construye algún tipo de trascendencia para dotar de propósito su vida. Casi todos esos creyentes construyen una arquitectura religiosa alrededor de su causa. Eso incluye el pecado original, las penitencias, los pecados mortales, los rituales y las liturgias y una teoría de la salvación. Eso es lo mejor. Disponer de una teoría de la salvación te salva.
Creo que durante años he construido una teoría de la salvación de origen judeocristiano basada en que hacer el bien colectivo me proporcionaria un karma de devolución. En general, diría que esa teoría ha funcionado. Desde luego, mi situación económica, sentimental y social es la que un día deseé. Lo que ahora no está claro es que acertara con algun de esos deseos. En todo caso, la teoría se ha desmoronado. Ya no creo en lo que creía. Diria que ya no creo en casi nada. Y esa descreencia te conduce a la desdicha. Cuando eres experto en sutileza emocional sabes distinguir entre amargura, desdicha y tristeza. Yo transito entre las tres con extraordinaria devoción. Mi mente me traiciona constantemente. Intenté mediante la ideologia establecer un vínculo colectivo de lucha, transformación y pensamiento crítico bajo un prisma angelicalmente ingenuo. Me funcionó porque tuve suerte y supe aprovechar cada hueco por el que meterme pero no se lo recomendaria a nadie a dia de hoy.
Enfrentar la incertidumbre sin creer en nada es dificil. La incertidumbre es, por definición, una construcción falsa del futuro. Podrías morir mañana y podrías vivir cincuenta años más. No hay manera de construir un plan con premisas tan extremas. Últimamente pienso demasiado en la muerte. Es más, últimamente pienso mucho en la muerte de mi padre como el principio de la mía propia. No parece tener sentido. Mi conexión con mi padre nunca la he considerado un vínculo íntimo sino casi público. He asumido sus valores y sus vocaciones pero por personalidad nunca entonamos una melodía parecida. Pensar en la muerte incrementa la incertidumbre porque la lleva más allá. Te preguntas si alguien te echara de menos, si alguien te recordará, si alguien leerá lo que un día escribiste pensando que era imprescincible que el mundo lo leyera. La muerte genera todavía más incetidumbre si, de alguna manera, construiste alguna voluntad de trascendencia. En cuanto dejas de mirar hacia adentro descubres que a nadie se le echa de menos, a poca gente se la recuerda y a casi nadie se le lee lo que no insiste por ser leído. Eso nos conduce a la nada.
Para paliar la incertidumbre hay que apegarse al máximo al presente. Para una mente sobredotada intelectualmente y con tendencia a la memoria negativa el presente es fundamental. Pero cómo hacerlo. Cómo dejar de fabular posibles futuros y estar preparado para todos cuando tienes una mente extraordinaria para hacerlo. Cómo dejar de hacerlo si -en general- te ha dado resultados positivos. Has ido por delante de la masa acertando en cada momento con las fuentes de ingresos más accesibles y beneficiosas, por ejemplo. Cómo desapegarte de otras épocas en las que también sufrías y que, sin embargo, ahora se presentan como idílicas en fragmentos de presentación de Google Fotos.
El presente es leer un libro despacio obligando a tu mente a leer cada palabra aunque ella intente saltarse alguna porque le resulta demasiado previsible. El presente es sentir como los músculos del cuello se estiran en clase de Pilates. El presente es respirar hondo mientras escribes algo que te libera. El presente es el cosquilleo que sientes cuando empieza la sintonia de tu serie preferida.
Surge un problema. Hay sustancias que suministran presente. Te sumergen por entero en la realidad. La incertidumbre es una desconexión con tu realidad. Así me siento cuando estoy desregulado. Me siento ausente aunque consciente. Soy consciente de mi ausencia. Hay una distancia entre la realidad y yo. Hay una escafandra que deja entrar el aire preciso para no ahogarme. Llevo guantes cuando toco cualquier cosa. No siento. No acaricio la realidad. En ese momento, existe el riesgo de tomar una sustancia que te aproxime al presente, que te devuelva a la sensación, al tacto, a la pertenencia. Es importante encontrar maneras de conseguir esa conexión de manera natural. Pero eso es ya terreno de la regulación. Cuando estas regulado puedes sentir una conexión con la realidad. La desregulación es mirar la tierra desde la luna metido en un traje de astronauta. No sientes ni siquiera la gravedad que es lo que más nos une con el suelo que pisamos.
Esta mañana me he levantado regulado. Conozco las razones. Hace días que mis principales estresores externos no actúan. Además, mis estresores internos estan relajados. Tantos días de fiesta han hecho que mi mente le dé permiso a mi mente para no usar la eficacia. La eficacia es la sierra que ajusta todos los troncos de mi cabeza. Un día me rebelaré contra ella y la diseccionaré para avergonzarla frente al mundo. De momento, sigo con mi lucha contra la incertidumbre. El siguiente paso. En qué dirección. Por qué. Para qué. Cómo. Con quien. Demasiadas preguntas. Pocas respuestas. Poco a poco. Punto y seguido.
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