Hoy cumplo 52 años. La edad que me refiere el espejo. El reverso de los 25. La edad se entiende cumpliendo años. Ahora entiendo mis 25 porque he doblado la esquina. Y al girarme me fui encontrando. Solo desde la cima se aprecia el camino recorrido. Solo desde el valle se aprecia la altura del cometido.
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Este año redescubrí lo que nunca pude ser. Crucé fronteras sin papeles. Exploré mapas en blanco. No sabía que yo era tan yo. No sabía que mi yo fuera tan diferente.
Al final, los gigantes eran molinos y me hicieron comulgar con sus ruedas. No tuvieron ni la piedad de esperar a que hiciera viento. Sacaron a mi peor Sancho Panza para decidir volver al mesón. Mucho mejor que hacer dudar a aquel hidalgo quijotesco que se apropió de mi vida. Ahora que sabemos que los gigantes los proyecta nuestra mente somos conscientes de que sin su existencia no existe ninguna lucha.
Seguir es, esencialmente, seguir existiendo. Pero seguir es, en realidad, seguiremos. Presencia y consciencia. Consciente de los afectos. De los abrazos que no se dan con los brazos. Presente en los subtítulos de cada proyecto compartido.
Con los años he perdido vista y he ganado fé ciega. La sensación del funambulista con los ojos vendados que depende de que ella le lea la brújula. Ella. Siempre ella. La que escucha mis pensamientos, la que me habla con el silencio, la que espera que el barco de papel llegue donde la corriente le deje antes de hundirse del todo.
Me espera trabajo duro para vencer mis propias resistencias. Para dar algo por perdido sin perder la capacidad de disputarlo.
Esa nube negra que es mi compañera de viaje ahora viaja en la maleta. Lucha por asomarse mientras yo me siento sobre ella. Es mi sombra la que observa lo que un día fui. Ahora soy yo quien debe volver a iluminar el camino.
Podrán derrotarnos pero no seremos vencidos. Vencer es mantener la dignidad intacta germinando bajo la almohada. Cada noche al acostarte tomar la píldora roja que te permita seguir soñando. Y decir que te has hecho nihilista si la tendencia lo exige.
Diagnosticado y aturdido. Perdí el manual de instrucciones. Ya no sé lo que sé, ya no siento lo que siento. Sigo andando con la cabeza abajo y la mente en las nubes. Entreno para corregir una postura que siempre fue una actitud ante la vida. La de centrarme en lo pequeño, lo cercano, lo que se ha caído.
Los arquitectos de las certezas nunca consiguen construir espacios seguros. Solo el consuelo de tener cerca a quien te acompaña en el camino. Una tela de araña de pseudònimos que acarician la verdad constantemente. Conectado a otras mismas sensaciones. Viajando en paralelo a empujones de tiempo, dando pasos inevitables, asomando la vista al precipicio.
No importa. Nada importa aunque todo parezca importante. Seguir cumpliendo días es mejor que seguir cumpliendo años. Mañana seguiré cumpliendo condena; cincuenta y dos años y un día. Aunque la vida a veces parezca una celda yo todavía puedo decir como es un árbol.
Este año fue el año en que mis versos encontraron su música. Ahora falta encontrar la armonía de la vida para sacar mi primer LP en vinilo. Anticuado en la forma, innovador en el fondo.
Si hubiera sabido lo que sé nunca hubiera sido yo. Mis errores son tan mios como la suerte que he recibido de regalo. Envuelta en papel de la comprensión y la dulzura de tanta gente que me comprendió sin entenderme.
Los corsarios vinieron a mi isla desierta a robarme los tesoros en lugar de rescatarme del naufragio.
Desde Timisoara hasta Brooklyn eres una parte infinitamente pequeña del rascacielos que sostiene tu mundo. Las expectativas son de vidrio, cuando se rompen nunca más quedan compuestas.
Se acabaron las mañanas sin el reloj en la mano. Vuelven los despertadores humanos. Volver por los túneles que excavé para escapar y encontrar el punto en el que empezó todo. Volver a ser valiente es volver a sentir miedo. Porque el vértigo me sigue haciendo tener miedo del futuro pero detrás de cada huida vuelves a estar tú. La poesia no es de quien la escribe sino de quién la necesita.
Siempre serás joven si bailas una vez el año. La nostalgia es el pais de la felicidad del pasado. Los fuegos artificiales que una vez explotaron en tu cabeza. Aprendes a pedir perdón en pdf, aprendes que la sonrisa es la mejor tarjeta de visita, que hay que mirar a los lados antes de cruzar la calle de la vida. Porque la compañía es más puntual que el recuerdo.
Te has comprometido a ser mutuo, a ser recíproco, a compensar lo innecesario. A sembrar sonrisas bajo tus rutinas. A admirar la luz de la mañana. A rodear de versos tu memoria. A retratar el encanto de ver Mad Men un día cualquiera en cualquier otra parte. A no volver a ver tu maleta en la puerta. A ser alguien digno de ser amado.
Todo parecía tan difícil que había que estar preparado. Ahora sabes demasiado de lo que a nadie le interesa y poco de lo que el mundo sigue hablando. He visto lágrimas perdidas en la lluvia, naves ardiendo más allá del dolor. Todo encaja cuando el puzle explota. Todo cobra sentido cuando el propósito es interior. Seguir. Seguir. Y seguir siguiendo.
La vida es lo que sucede mientras tu no tomas decisiones. La indecisión no es más que una manera de decidir.
Ahora todos mis yo anteriores se rebelan contra mi yo actual. Y yo brindo por todas las personas que quise ser, por todas las personas que no pude ser, por todas las personas que fui y sigo siendo.

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