Tengo Asperger. Solo dos palabras y, sin embargo, años de búsqueda de respuestas. Esas dos palabras esconden muchas dudas, inseguridades y algunos talentos. He usado "tengo". Existe un debate profundo en el mundo autista sobre si las personas con autismo somos autistas o tenemos autismo. Yo he elegido "tener" porque mi Asperger/autismo no me define globalmente. Soy muchas más cosas además de Asperger. Para empezar soy Carles para muchos, Carlos para otros. En definitiva soy yo, un ser único, extraordinario, peculiar y por tanto: raro. Un poco como todos.
Desde pequeño te llaman raro y no acabas de entender por qué. Yo pensé que era mi selectividad alimentaria (como muy poca variedad de alimentos) y ahí refugié mi única rareza. Al fin y al cabo es normal decirle raro a alguien que no come chuches, ni chicles, ni bebe Fanta o Coca-cola, ni helados, ni caramelos, ni Donuts, ni Fosquitos. Era tan raro comiendo que pude encajar toda mi rareza ahí. Pero eso no era todo.
Asperger es un tipo de personas descubiertas por un médico llamado Hans Asperger -austríaco y nazi- mientras tenía que decidir en campos de concentración quienes eran aquellos que debían morir eugenésicamente por ser retrasados mentales y quienes no. Lo digo de manera cruda porque esa es una de las "habilidades" de los Asperger: soportamos extraordinariamente bien la crudeza verbal aunque nos conmueva la intensidad emocional. Son dos circuitos paralelos pero separados.
Hans Aperguer describió a unos niños que tenían dificultades para entablar amistad, no entendían los gestos ni los sentimientos de los demás, mantenían conversaciones unilaterales sobre sus intereses favoritos y eran torpes con las manos y en los movimientos. Actualmente el Síndrome de Asperger se ha incluido dentro del Trastorno del Espectro Autista. Se considera un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades significativas en la interacción social y la comunicación no verbal, junto con patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos.
Has leído la palabra "trastorno". Otro debate complejo. Actualmente gran parte del colectivo autista/Asperger prefiere el uso de la palabra "condición" de manera que el TEA pasaría a CEA (Condición del Espectro Autista). De momento, es un trastorno del neurodesarrollo.
Para hacerlo más complicado aún entro de lo que se llama "doble excepcionalidad", es decir, que tengo superdotación intelectual y Asperger/autismo al mismo tiempo. En mi caso todavía no sé explicar de manera detallada qué partes de mi se corresponden con el patrón de la alta capacidad y qué partes siguen el patrón del autismo. Hay más puntos en común de los que parece. Al fin y al cabo, ambos conceptos solo son constructos científicos que usamos para entendernos a la hora de analizar el mundo. Digamos que soy una tortilla de patatas donde llega un momento en el que no sabes lo que es huevo y lo que es patata. Pero sabes que es una tortilla de patatas.
Estarás sorprendido/a y un poco abrumado/a. Mucha información en poco tiempo y muy compleja. Te pasa como a mí hace un año cuando empecé a estirar del hilo. Lo único que sabía sobre Asperger era Einstein y Sheldon Cooper. Lo único que había visto sobre autismo era Rainman. En un año he tenido que empaparme de mucha información para entender(me).
Al comunicar mi diagnóstico la mayor parte de las reacciones se basan en el "exceso de etiquetas" actuales. Os entiendo. Es abrumador descubrir que tanta gente es diferente y que aparezcan tantos nombres y tantos diagnósticos. Yo también mantengo una posición crítica sobre ese fenómeno. Pero personalmente las etiquetas me han ayudado. Antes de saber que mi mente se encuadraba en un grupo de mentes concretas y que eso tenía nombre, yo simplemente pensaba que estaba estropeado y tenía que arreglarme. Luego he sabido que eso se llamaba "masking". Mucha gente que me conoce ha visto como era varias personas diferentes -como si interpretara algún personaje- en contextos concretos. Intentaba adaptarme torpemente al contexto. A veces de manera exagerada.
Tantas palabras nuevas. Ya me he habituado a ellas. Supongo que para eso sirve el diagnóstico. Te permite aceptarte y perdonarte. Tengo límites. Todo el mundo los tiene. Es más, mi autismo me ha dado superpoderes en algunos aspectos de la vida, como el financiero, que me han permitido vivir como vivo ahora. Sin embargo también me ha hecho pasar mucho miedo a muchas cosas.
Es muy largo explicar en qué consiste mi autismo. Cada autista es diferente. Es un espectro. La palabra espectro no ayuda a entender el fenómeno. Un espectro es un espacio diverso, complejo con algunas características comunes pero al final un espacio bastante disperso de singularidades más o menos estructuradas sobre unos pocos ejes: comunicación, intereses, aspectos sociales, aspectos sensoriales.
Me reconozco en mi desapego a muchas cuestiones sociales. Me gustaba y me gusta pasar tiempo solo. Me importan poco las vidas de los demás. Me salto protocolos aún sabiendo que para otras personas son importantes. Creo que la verdad es algo que se puede decir en cualquier momento y lugar aunque eso escueza. Separo fácilmente emociones y racionalidad. Sin embargo, a diferencia de otras personas en el espectro, es dificil colarme alguna broma, doble sentido sin que yo suba la apuesta de mordacidad. No tengo problemas de comunicación más que aquellos que me genera afirmar y hacer respetar mis diferencias.
En definitiva, todos somos una mezcla de nuestra genética y nuestra educación e incluso nuestro contexto. A veces pienso que en Alemania no me habrían dado el diagnóstico: me gusta la planificación, la responsabilidad, la formalidad y la puntualidad. Demasiado para España y de manera media en Alemania. No he vivido allí pero no tengo duda de ello. Pero en lo que yo he podido apreciar el diagnóstico es contextual y desde luego no me hallo en la media estadística de la campana de Gauss de la normalidad española. Quizá por eso me siento un poco y mal español. Quizá por eso soy raro para los españoles.
Sin embargo, pocas dudas tengo de mi neurodivergencia (otro palabro que significa que no participo de la configuración neuronal estadísticamente más frecuente) es la parte sensorial. Al venirme a vivir a Valencia capital -especialmente después de la pandemia- empecé a sentirme abrumado por la cantidad de gente, la cantidad de perros, los ruidos de las obras, la conducción agresiva e incluso el ruido interior fruto de la convivencia de casa con mi mujer y sus dos hijas adolescentes. Mi mente no está preparada para tanto caos hasta el punto de sufrir varios shutdown. Otra palabra nueva. Descubrir que las cosas tienen nombre al principio tranquiliza y luego te permite gestionarlo de manera preventiva y paliativa. Un shutdown es un colapso. Mi mente recibe tantos impactos de todo tipo que no es capaz de gestionarlos y simplemente colapsa. Ese colapso se traduce en un bloqueo absoluto para cualquier tarea que no sea lo que yo llamo "cápsula de privación sensorial" (Sheldon tiene una también) y que consiste en desaparecer en un espacio pequeño, oscuro y silencioso hasta que tu cuerpo se reponga del ataque de tu mente.
Mi autismo hace que me gusten poco los actos sociales salvo que sean de algunos de mis intereses favoritos. Si mi mente se pone en marcha puedo soportar el ruido, las luces y más cosas aunque seguramente al llegar a casa tendré que echarme directamente a dormir.
Quizá ahora estes pensando algo como "pues no se te nota". No se me nota porque al salir a la calle nos ponemos una armadura o tomamos precauciones. Puedo quedar en un bar, con la tele puesta, con música, con la máquina de café echando ruido pero tendré que estar muy concentrado y mirando a tu boca para saber lo que dices, intervendré relativamente poco y si hay más de cuatro personas seguramente desconectaré y me iré a mi mundo.
Podría estar horas describiendo situaciones cotidianas que hablen sobre como el Asperger/autismo aparece de manera sutil. Puedo ser capaz de hacer las mismas cosas que alguien "normal" pero quizá acabé más cansado o pueda hacerlas durante menos tiempo. Puedo ir a un concierto pero quizá no a un festival. Puedo ir a una comida pero no a una comida y a una cena el mismo día.
Pero lo realmente importante es que sigo siendo yo. Ahora me toca encajar las piezas que quedaron sueltas en anteriores etapas de mi vida. Me esforcé mucho en hacer cosas que no estaba diseñado para hacer. Llegué a ensayar dos días por semana en un local con música a niveles altísimos y llegué a cantar en público. Llegué a hablar en público con soltura partiendo de una timidez extrema. Llegué a tener multitud de reuniones políticas partiendo de lo abrumador de los protocolos sociales antes y después de cada acto. Rompí algunos de mís limites y también pagué las facturas de ello.
Ahora tengo algunas respuestas. No todas. Ahora sé que nadie tiene la culpa de nada. Tampoco yo. Ahora sé que -efectivamente- soy raro y que eso me gusta. Me gusta ser como soy y ahora sé como suavizar mis reacciones con la gente más cercana. Ahora sé que puedo explicar donde soy capaz de llegar y donde no.
Tengo Asperger. Es mi manera de sentir, de vivir y de mirar el mundo. Me molestan más tejidos de los que puedas imaginar, no soporta mezclar texturas en la comida, hay olores que me hacen alejarme, las luces de la feria me ponían dolor de cabeza. Para eso no sirvo y me tengo que prevenir pero tengo superpoderes que tienen que ver con no dejarme llevar por la masa, segregar las emociones de las decisiones financieras, memorizar cosas facilmente o ver multitud de detalles con solo una mirada entrenada.
Finalmente, no hace falta que si nos vemos me compadezcas o me trates de ninguna otra manera a la habitual. Si tengo alguna dificultad yo mismo la explicaré. Además ahora las neurodivergencias como el autismo y la superdotación son uno de mis temas favoritos. A poco que me preguntes puedo estar hablando horas y horas. Es broma. Bueno no, pero sé controlarme. En todo caso, si me aprecias seguro que encontramos un punto medio entre la neurotipia (esos locos normales) y el espectro. Seguro que encontramos un momento y un lugar para que sigan sucediendo las cosas que necesitamos que pasen. Seguro que podemos sonreir con las pequeñas cosas de cada uno. Mis pequeñas cosas las han llamado autismo. A mi me ayuda para simplificar la explicación de mi mundo interior. La comprensión ya no es cosa mía.

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