Es imposible no sentirse concernido por el frío de la fábrica que mancha cualquier historia que suceda en su interior. Contada con una fotografía ruda pero especialmente delicada. Se nutre de rostros hieráticos fruto de la inhibición emocional, de la resaca de una guerra y un pasado que se desea superar. Hay pocos destellos de iconografía pop que ocupan un lugar residencial en otras plataformas. Supongo que solo Filmin puede dar cobijo a un relato duro en el que casi nada es bonito y casi todo es bello. La belleza obrera de un grupo de hombres atrapados en una fábrica y cuyo arte solo se puede apreciar desde los agujeros de la historia. Una historia de hombres servida para cualquier persona donde los personajes femeninos aportan el complemento imprevisible sin caer en los tópicos. Las mujeres aparecen tan duramente sumergidas y ahogadas por la realidad como ellos. Atrapados todos por una atmósfera a punto de estallar. La violencia sobrevuela cualquier escena. Cualquier momento es susceptible de encender la chispa y sin embargo cuando la chispa salta nada prende. Una lección que solo se puede aprender del silencio. Sorprenden sus silencios, cadencias que ayudan a seguir pertrechado en la trinchera de la siguiente frase. Rostros hieráticos de obreros honestos que acaban por ser la base de la huella que te dejará con el paso del tiempo. Gente humilde haciendo bien su trabajo, luchando por seguir vivos en una época donde seguir vivo era una aspiración legítima de felicidad honesta. Para los que hemos crecido cerca de una fábrica la serie es un retorno a una realidad no vivida. La realidad de lo que ocurría en el trabajo de nuestros padres. Ahora que exigimos ternura a quien solo recibió crudeza es quizá el mejor momento para apreciar como aquellos hombres duros lloraban sudor para cumplir con el papel que les había encomendado la vida. Era una época donde la vida era menos importante y cualquier cosa podía solucionarse con sangre. Nos hemos olvidado de que lo que ahora miramos como vintage no es más que el alma de lo que un día fue trabajo. Trabajo de supervivencia, trabajo con cansancio y contundencia. Ahora que cualquier cosa es violencia es mejor momento que nunca para recordar lo que es la violencia.
El último artefacto socialista debe ser consumido en la madurez audiovisual. Su ritmo puede resultar esquivo. Su oscuridad puede producir dudas pero sin duda es una serie para dejar de mirar la historia con el retrovisor de la superioridad moral y entender que toda época pasada pudo ser mejor. Que la vida insignificante es la más importante.

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