La importancia del contexto.
De nuevo el azar hace que tu contexto cambie. Si tienes un hijo/a superdotado mi gran consejo sería: maneja el contexto. Los niños con alta capacidad se empapan de lo que tienen alrededor. También son buscadores pero básicamente lo que son es absorbentes. Pensamos que se aprende por escucha. Es un grave error. Se aprende por experimentación o imitación. En ambos casos estamos hablando del contexto. Si en casa entra un periódico no es igual que si nunca entra. El canal que pones en la tele cuando dices lo de "ahora quiero ver las noticias", los libros que estan por ahí y parecen invisibles, los discos que estan en la estanterias y que te parecen "viejos" a los ojos de tu etapa vital, los tebeos que estan en el vater cuando vas a cagar. Y ahora los canales de Youtube que sigues, el software que paga tu padre aunque lo usa poco, la libertad de navegar de forma activa y no solo de forma reactiva. El contexto lo es todo. El contexto personal: con quién te relacionas, qué tipo de relación surge, cómo son los profesores (hay que tener un poquito de suerte), en qué lengua estudias, cuáles son tus extraescolares. En un niño de alta capacidad eso puede significar su desarrollo total o parcial de talentos innatos.
He leído mucho sobre la "dificultad" de criar niños con alta capacidad (especialmente varones). Yo lo veo muy fácil pero muy cansado: hay que acompañarlos en sus pasiones. Pasiones que cambian cada tres meses, pasiones que se te exigen cuando has tenido una mala semana, pasiones que ni siquiera entiendes pero escuchas. Solo necesitan compañia, que les acompañes en sus descubrimientos porque muy probablemente tengan necesidades expresivas. Necesitan hablar de sus pasiones. Ahora tienen suerte: siempre hay un amigo youtuber que te acompaña en tu pasión. En los 80 no teníamos a nadie. La televisión se dividía entre programas absurdamente infantiles y programas absurdamente adultos.
Manejar el contexto y que conozcan a alguien que piensa igual aunque sobre cosas diferentes. La mayor validación que sienten es la de sus pares intelectuales. Ellos saben cuándo una opinión es valiosa (lamentablemente la adhesión incondicional de papá y mamá puede no servir). Ese contexto es definitivo. Ahora lo analizo y me entiendo mejor. Con lo que había cerca de mi compuse el mejor puzle posible. Me han recomandado escribir con gratitud para eliminar el sesgo de negatividad y creo que funciona. Al menos en la frase anterior he recordado aquel niño que fui y le he dicho que me cae bien.
Uno de los aspectos del contexto cambió en los años 90. En casa solía haber ya varias teles. Una en la cocina que en mi casa estaba prohibida. Varias radios. Un tocadiscos. Una minicadena. Un radiocassete. Un walkman. Y entonces apareció mi clónico con procesador 486 con una insignificancia de RAM y la memoria de disco duro de un pez.
Aquello hizo implosión en mi cabeza. Mi mente se aceleró por diez. Fue el regalo de mi padre por acabar Derecho. En este caso de nuevo el azar. Mi padre había empezado a trabajar de mantenimiento eléctrico del departamento de Informática de SiDMED (el heredero de aquellos altos hornos que se peleó su salvación hasta lo épico). Así que sus nuevos compañeros eran -algunos- informáticos y le hablaban de lo importante que era y de que "eso era el futuro".
Así que el hombre se gastó 140.000 pesetas (unos 700 euros) en una tienda de informática que montaba clónicos. Para los curiosos de la historia digital en aquella época los ordenadores de marca eran "IBM" porque esa empresa controlaba todos los componentes. Luego había tiendas y empresas que ensamblaban el disco duro, la RAM, la pantalla, el ratón, el procesador... pero cada uno era de un padre y una madre. Esos eran los clónicos.
El ordenador apareció en casa sin instrucciones. Sabíamos como se enchufaba y ya. Llevaba Windows 3.11 si no recuerdo mal. Era un libro en blanco que tenía que escribir yo. Ni idea de para qué servía. Para mi era una máquina de escribir cara. Y entonces empecé a estirar del hilo y aquello no se acababa nunca.
Recuerdo que mi primer gran descubrimiento/alivio fue el cortapapeles. Durante años estudié en la facultad recopiando los resúmenes de los temas. Por fin, alguien había entendido lo absurdo de ese comportamiento.
Pero lo fundamental fue el redescubrimiento de una pasión/vocación. Había estudiado derecho y no se me dió mal. Tengo un alto sentido de lo que "es justo". Me considero una persona muy equilibrada en cuánto a entender varias posiciones antagónicas y encontrar un punto de justícia racional en todo ello. En política eso se paga mal. De hecho se paga con la expulsión. Sin embargo, cuando quedaba un curso ya sabía que no tenía la más mínima intención de ejercer el derecho. Ni oposiciones a juez, notaría o registro que era lo que me recomendaban por "memoria" ni mierdas. El Derecho era aburrido. Una mera repetición constante. Quizá no me lo enseñaron bien. En todo caso, la asignatura de Filosofia del Derecho (otra vez la filosofia) me hizo convencerme de que aquello de ser "abogado" no estaba hecho para mi. Yo era mucho más ambicioso. Prometo hablar un día de la ambición y las altas expectativas en la alta capacidad.
Llegados a este punto reitero que uso mis batallitas personales para remarcar como la alta capacidad aterriza en la vida y en lo cotidiano. Hay muchísimos material teórico sobre alta capacidad. Yo mismo tengo varios trabajos hechos de las titulaciones que he ido necesitando sacarme para superar mi síndrome del impostor para finalmente decir: oye! Que soy superdotado y ya está. No necesito más pruebas.
En el día de hoy la reflexión de fondo es como hay que acompañar a los niños ACI en sus pasiones aunque no las entiendas. Mi padre nunco supo manejar un ordenador. Empezó a ver que yo pasaba horas y horas en la buhardilla. Empezó a ver que había cambiado la tele (caja tonta) por otra pantalla con la que "hablaba" a través del teclado y el ratón.
En muy poco tiempo apareció Internet (estamos hablando de la España de 1995) así que lo podemos reunir todo. Aquel ordenador era lo que siempre había soñado. Era mi sueño más maravilloso hecho realidad. No porque me gustaran las piezas y los montajes, no. Era un aparato que sustituía la torpeza de mis manos. Los que tenemos motricidad fina regulinchi vamos por la vida un poco frustrado. Mi mente imagina cosas pero mis manos no son capaces de dibujarlas. Mi padre grababa en Super8 y después montaba una grabación junto a otra con cortes y empalmes con CELO. Yo era torpe y aquel nuevo "artefacto" era una extensión de mi mente con poca intervención de mis manos.
Podía hacer diseño. Dibujar me gusta. Ahora dibujo con la mente cosas surrelalistas y metafóricas y se las dicto a DALL-e o a Canva. Y el "artefacto" hace la magía.
Pero la mayor explosión fue claramente que podía hacer mi propio periódico. Podía ser periodista por libre. Lo más extraño que puede hacer un licenciado en derecho a los pocos días de acabar la carrera es fundar una revista. Algo no encaja. Había una pasión escondida.
La pasión era el periodismo. Una pasión inconfesable por miedo. Primero con 18 años no supe distinguir entre una afición y una vocación. Segundo había que pedir un esfuerzo enorme a mis padres y a mi mismo. Estudiar periodismo era caro: o Barcelona o a la privada. Derecho era fácil. Tengo mucha memoria. Además los que estudiaban periodismo eran todos muy cultos y a mi más bien me tiraba el periodismo deportivo. Yo mismo desconocía de mi mismo que realmente no me gustaba el periodismo deportivo sino mi admirado Paco Lloret que va mucho más allá del periodismo deportivo.
Ese 486 me permitía escribir y borrar, corregir, maquetar, imprimir, diseñar logotipos (una extraña afición que tengo). Y cuando Internet se expandió las horas se multiplicaron. Podía leer exactamente lo que me interesaba. Lo más friki probablemente era leer las ponencias políticas de Convergència Democràtica de Catalunya o del Partido Nacionalista Vasco. De nuevo es irrelevante la ideologia. Piénsalo, con quién cojones podía yo hablar de ponencias políticas de opciones enmarcadas fuera de la izquierda? Vivía en un pueblo obrero, todos mis amigos eran dogmáticamente marxistas, las opciones políticas de proximidad eran todas igualmente de la misma tendencia. Pero mi mente necesita contradicción, necesito entender la alteridad para superar la perplejidad. Me sé de memoria todo el ideario de los partidos marxistas. Necesitaba leer qué dicen los otros. Alguien les vota así que necesitaba entenderlo.
De nuevo es el mismo mecanismo: algo que solo podía vivir en soledad se torna público. También otro día hablaremos de los "secretos" en la alta capacidad. Acumulas una cantidad de aficiones tan "alejadas" de tus pares que llega un día que lo vives todo en secreto. Mis amigos eran inteligentes así que podía tener conversaciones amplias con ellos pero el dogmatismo era un obstáculo para mi. Necesito entender por qué alguien que piensa tan diferente también piensa que tiene razón. A mi me dió por la política de forma bastante fuete. Un freudiano diría que era la única manera de que mi padre me aceptara como el hijo rarito pero políticamente alineado. También puede que experiencias muy intensas como el cierre de AHM hiciera que ahora viva todo lo colectivo y lo común con lágrimas en los ojos de emoción. Me pasa en un estadio de fútbol, en un entierro o en un concierto. Esa sensación de comunidad cooperativa de carácter emocional me supera y lloro hacia afuera. Lloro hacia dentro muchas veces pero hacia fuera muy pocas. De hecho me escuece mucho y me duele un poco. Así que prefiero llorar hacia dentro aunque las lágrimas caigan ácidas en forma de somatización.
El ordenador me permitía superar la soledad. No es que entrara a los chats de Terra a decir guarradas. Es que sentía que ese aparato me estaba permitiendo comunicarme con alguien del pasado y alguien del futuro. Cualquier cosa que antes vívias en la intimidad ahora estaba en Internet de manera compartida. El porno también, claro.
Mi 486 me permitió relacionarme conmigo mismo. Pienso por escrito. Es una lástima porque ya nadie lee así que pienso cada vez para mi mismo. Empecé a hacer revistas: una de humor político (ahora sería El Mundo Today), una de literatura, una de periodismo normal. Las maquetaba y remaquetaba mil veces. Las imprimía. Las grapaba y las repartía con la esperanza de que alguien las leyera y entendiera todo mi mundo interior. Ahora lo escribo y detecto tanta ingenuidad que me sonrío. En aquel momento para mi era lo máximo en la vida. Podía tener mi propio periódico para ser periodista de manera casi gratuita. Aquella máquina era Dios.
Podía editar vídeo sin celo. Podía hacer películas, cortometrajes, series. Podía hacer humor. Podía conseguir fotos gratis para mis revistas. Las podía retocar. Las podía fundir con otras. Podía hacer composiciones.
Los hombres españoles de los 90 todavía teníamos que hacer o la mili o la Prestación Social Sustitutoria. Yo fui objetor de conciencia. Eso significaba 13 meses de PSS más el tiempo de espera para incorporarte. Casi dos años de no poder trabajar de manera remunerada. Para mi tener el ordenador en casa fue explosivo. Por fin, podía ser yo completamente. Cada revista que dejaba en algun establecimiento era una botella con un mensaje al mar que ponía "espero que alguien me entienda" porque no tengo a nadie con quien hablar de esto.
Por eso ahora entiendo tan bien que los niños con alta capacidad deberían tener una mayor libertad para experimentar en Internet con cierto acompañamiento. ¿Donde van a encontrar a alguien que comparta esa pasión tan rara que acaba de encontrar y que le ocupa toda su vida desde hacer tres semanas? No deja de hablar del tema. Tu le intentas escuchar pero no validas sus hipótesis ni sus visiones.
En ese momento se me disparó la mente. De ahí arranca mi gran problema con la velocidad. Antes de eso recuerdo una vida despacio. Por decirlo de alguna manera empecé a vivir a 1,5x. Mi mente se aceleró. Empecé a tener problemas para dormir porque se me ocurrían nuevas ideas para nuevas revistas, nuevos artículos, nuevos diseños de portadas. Ahí empecé a dormir con una libreta en la mesita. El miedo a que se te escurran las ideas lo tiene cualquier creativo pero cuando tienes tantas ideas necesitas escribirlas para poder decirle a tu mente: ya está. la hemos guardado, un día servirá.
Tenía más o menos 25 años. Seguía jugando al futbol en categorías absurdamente bajas. Eso me ayudaba a tener cierta salud mental sana. Cansaba mi cuerpo y acababa dormido después de cada entrenamiento. Pero mi mente seguía pensando nuevos artículos, algo más gracioso que lo que hay, campañas que solo seguía yo... Estaba claro que la comunicación era lo mío. Ya ni me acordaba del Derecho. Desde entonces toda mi vida va en mi/s ordenador. Imaginaos ahora con la Inteligencia Artificial o con los programas de diseño, edición de vídeo incluso desde el móvil. No sé qué hubiera sido de mi si lo hubiera descubierto antes. Quizá nunca hubiera acabado Derecho porque mi mente es obsesiva cuando cree que tiene una idea brillante. La idea puede ser nímia para los demás pero si para mi mente es brillante no parará hasta materializarla. Al acabar puede que ya esté aburrida de esa idea. ¿El aburrimiento verdad? Seguro que si tienes alta capacidad lo conoces muy bien.
Acabo. Aquel ordenador fue la caja mágica que me descubrió mi gran pasión (la comunicación en sus diferentes facetas) y además me permitía ejercerla de manera accesible y amateur. Pero necesitaba ganarme la vida de alguna manera. Esta disociación entre pasión/friki y racionalismo material también merece su apartado. Algún día. De momento, recuerda que la alta capacidad es una esponja seca que absorberá lo que le suministres al principio y acabará buscando más allá mucho antes de lo que tu esperas como madre o padre. Irá más allá demasiado pronto para ti. No podrá evitarlo. Lo absorberá todo y entonces saldrá a por más. Suministrale nutrientes, amistades nutritivas, tecnologia nutritiva e intenta acompañarlo cuando se ponga plasta con su nueva afición. Se siente solo. Solo quiere alguien con quien compartir su enorme descubrimiento que todo el mundo debería conocer para poder seguir con sus vida. Así de intenso es todo. Lo escuchan todo. Lo imitan todo. Lo absorben todo. También lo malo.

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