Me gusta viajar en tren porque el paisaje se puebla de flores azules que convierten tu vida en un videoclip. Porque las ventanas se convierten en los fotogramas de estaciones sin parada. Porque el tren es la capsula del espacio que te transporta hacia el futuro. Un conjunto de vidas convergentes en el espacio y divergentes en el tiempo.
Cuando vas en tren la primera luz del día es la mirada de un niño. Alimenta tus mejillas y te va abriendo los ojos.
Y durante el viaje, voyeurismo de conversaciones ajenas que son como un capitulo dentro de una historia interminable.
Al llegar; escaleras mecánicas que llevan a trenes eléctricos que llevan a tuneles de carne y hueso llenos de urgencia por llegar a ninguna parte.
Pobre niño de la mirada triste. Pobre niño burbuja metido en un enorme baño de espuma lleno de burbujas que explotan. Al llegar, librerías con páginas amarillentas que marcan ofertas de última hora sin horario de salida.
Final de trayecto. Saber que los peones se sienten tan valientes que piensan que pueden pelear con las torres. Notas al pie que inundan mi cabeza.
Y la vuelta Ese traqueteo constante que te impide casi todo excepto pensar.
Atrapado en el tren te sientes más libre que nunca. Dejándote llevar justo donde quieres ir.
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