Ya son demasiadas las veces que me pregunto cuando se acaba el dolor, cuando se acaba el miedo. No el dolor físico sino el dolor de verdad, el dolor de cuándo te duele el alma. Quizá hoy sea el día más solitario de mi vida. Básicamente porque miro y ya no encuentro ningún cruce de miradas. Solamente veo la espalda de mucha gente. Y me culpo. Siempre me culpo. Me culpo de ser quien soy y de no saber disimular lo que siento. Me culpo de ser incomprendido. Me sumerjo en una idealización de la mediocridad. Aquellos que son capaces de entender que la vida es esto. Que no hay más. Que es un mero devenir del tiempo en el que suceden cosas. Que nunca pasa nada. Que todo sigue igual. Que nadie mira hacia abajo cuando te caes.

Hoy me han robado la última creencia. Mañana ya seré un incrédulo degenerativo. Han venido los piratas de las ideas para robarme mis principios. Y como siempre saldré corriendo en una huida permanentemente de quienes quieren que deje de ser un niño. Un niño es alguien que cree en el futuro. 

Empecé comprando soberbia en el mercado de las ideas. Pensando que a nadie se le había ocurrido antes. Pronto me dí cuenta de que las ideas son trampolines de egos. Incluido el mío. Pero los violadores de sueños se instalan en cada sistema operativo. Y ahí surge Matrix. Los falsos profetas de la pastilla roja. Todos los agentes Smith que te vigilan y esperan tu momento de debilidad para robarte a Trinity. 

Tengo miedo de tener miedo. Tengo miedo de perder el tiempo. Tengo miedo de no creer en nada. Tengo demasiado miedo. Miedo a las trampas que yo mismo me tiendo. Tengo miedo a vivir atrapado siempre en esta mente. El miedo me roba la vida. Me escuece la sangre. Las lágrimas son un volcán hacia dentro que lo va quemando todo. Porque miras a tu alrededor y nadie se te parece. Nadie te entiende. Eso es la soledad y no la ausencia de compañía. La soledad es una incomprensión. No sentirse vinculado mentalmente con nadie. 

Es inútil continuar sin ganas de seguir. Y así acabas por entender a los que se rinden del todo. Soy capaz de ver venir los golpes que yo mismo promuevo. Y aún así me duelen. Me separo de aquellos que me echan. A veces me gustaría ser neutro, ser solamente. Estoy cansado de vivir paralizado por una horca en la garganta. La felicidad se esconde cada vez más. Ya ni siquiera es placentera. Y ahora aquí lejos de donde quise irme, es cuando más aislado me encuentro. Rodeado por el foso que un día quise construir. Cierro los ojos y ya no veo nada. Nada en lo que creer. 

Volver a empezar es un final incierto. No sé donde encajar porque no conozco ningún puzzle completo. Oigo las conversaciones que no veo. Y sé que la realidad visible es una mentira. Que te lleva con los ojos vendados ante el precipicio para que miras hacia abajo. Y mueras de vértigo. 
Vivo planeando el resto de mi vida y la vida va haciendo otros planes. Tengo miedo. Miedo a sufrir. Miedo a perderme. Miedo del futuro. Miedo de que nadie me diga que soy bueno en algo. Miedo al rechazo. Tanto miedo es doloroso. Un dolor que me abate, me ciega y me esconde. Me mete en un lugar donde nadie llega. Mi mundo interior. 

Me han robado mi mundo exterior. Me han robado lo que era mi vida. Creer en un nosotros. Ya no queda ningún nosotros en el que creer. Solamente mirar a Pau y sospechar mis defectos proyectados en él. Sin un nosotros el yo parece insuficiente. No sé como salir de un agujero. Sabía que estaba ahí pero no sabía que era tan profundo. Creo que estoy a punto de rendirme. A punto de decir que mi mente es potente pero mi alma es débil y mi cuerpo más. Que ya no quiero ir más por lo dificil. Que necesito mecerme en una cuna para adultos. 

Hoy no siento más que odio. Un odio profundo. Un rencor eterno. Una rabia explosiva. Odio a quienes desde sus atalayas miran el sufrimiento ajeno. Es el peor momento para tomar decisiones y solamente me vienen algunas de ellas a la mente. Quisiera matarlos con mi teclado. Desvelar sus secretos más profundos. Exponerlos a la vegüenza de sus miserias. Pero eso solamente me haría daño a mi. Lo insignificante carece de importancia. Nunca pasa nada para los que otean el horizonte desde arriba. 
Llevo catorce años peleando conmigo mismo. Enloqueciendo del todo. Quizá siempre estuve loco. Quizá la única manera divertida de vivir sea esa. Me gustaría tener menos preguntas en lugar de más respuestas. Estoy cansado de buscar. Agotado de vivir. Y es ahora cuando necesito un nuevo impulso. Ahora cuando el dinero me duele y la imaginación me sobra. Ahora que soy capaz de querer más de lo que nunca estuve enamorado. Ahora que todo es posible todo parece imposible. Ahora que soy incapaz de levantar mi propio peso. Ahora que no quiero hablar con nadie se lo cuento a todo el mundo. 
Hoy me han robado mi última creencia. A partir de hoy seré un incrédulo degenerativo.