La primera visita de hoy es a un recinto parecido a la Gerencia. Es el recinto de las
universidades. Es como si nos llevaran a la Universidad Politécnica
pero con las universidades con edificios más antiguos. Al menos aquí no nos
agobian ni el tráfico ni los vendedores de casi todo, ni los niños. Es una zona
más tranquila donde hay edificios civiles. Los primeros que veo.
Se me han acabado los calcetines tobilleros pero digo yo que
aquí no me van a tener en cuenta el glamour.
De nuevo procedemos a una observación detenida de las élites
históricas. Las esculturas, las pinturas, los trajes, los adornos, las figuras,
todo lo que vemos pertenecía a las élites históricas de la india. Debería haber
un museo de la vida cotidiana en cada ciudad.
He visto una chica que se quitaba el pañuelo de la cara y la
cabeza al entrar en la
Universidad. Puede ser por dos motivos. El primero es la
enorme contaminación de esta ciudad. El pañuelo te cubre de tragar tanta polución.
El segundo es que quizá el ámbito universitario permite una cierta laxitud en
ese comportamiento social de llevar pañuelo.
Iba en bicicleta con lo que el gesto ha sido más visible.
Hoy nos acompaña una pequeña brisa que hace todo más amable.
Además no huele a mierda de vaca lo que se agradece bastante.
La representación histórica del arte ha sido básicamente
también una apología de la belleza y por tanto de la juventud. Todos los budas
son jóvenes.
Y en todas las religiones parece haber un parto misterioso
(dios convertido en paloma o persona o muerte de la madre) y un momento de “iluminación”.
En las etapas del heroe que marcan todos los guiones de cine eso está bastante
definido. Todas las religiones siguen ese esquema.
La obsesión por compartir las imágenes que nos ha llevado a
Facebook ha sido omnipresente. A ver si tengo suerte e interpreto una pulsión básica
de los seres humanos para montar un negocio. Debe ser obvia. Me dedicaré a
pensar creativamente.
Aquí he descubierto nuevas infracciones de tráfico.
Nos tomamos un café en un centro comercial. Aquí es difícil encontrar
un regalo para Pau. No es país para niños.
El conductor creo que está frustrado con nosotros. Las
visitas monumentales nos duran poco. Lo de descalzarse me molesta cada vez más.
Lo admito. Aunque es contradictorio ser ateo y no dejar de visitar ni un solo monumento
religioso. Pero es que es lo único que queda.
Y su frustración ha llevado al negocio. Tiene un amigo que
nos explicará como se hacen las telas en la India.
Y confirmado, nos lleva al final a su tienda. El proceso de marketing
es: captación de interés cultural o turístico. El proceso acaba en la tienda.
Se hacen preguntas que permiten vislumbrar el poder adquisitivo y las
preguntas. Después se expone el producto de manera descendente en precio. En
algún momento se supone que hay que encontrar precio de equilibrio. El precio
de partida siempre es falso. Que vengan aquí los economistas a flipar.
Nuestra visita final incluye un museo de las armas. Allí los
humanos exponemos todas las máquinas horrendas que hemos creado. Es como si los
Estados Unidos expusieran la bomba atómica o Alemania las cámaras de gas como
algo de lo que sentirse orgulloso. Pero no pasa nada… todo es turismo.
Cenamos en un restaurante que está en un quinto piso sin
ascensor. Se va la luz. Como siempre. Por la ventana observo un niño que juega
con una milotxa (cometa). No consigue volarla. A mi me gustaban solamente las
que tenían un águila o la especial de colores que hice con mi iaio Paco. Las
demás me parecían demasiado infantiles para un niño de nueve años.
Me surge la pregunta sobre el concepto de lo normal. En esta
restaurante no sirven carne. Aquí soy normal y me gustan casi todo los platos
del menú. En España soy raro y no me gustan ni la mitad. Aquí lo normal es ser
pobre, ir mal vestido, no tener vacaciones. Tendremos que revisar el concepto
de lo normal.

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