Y bajo la sombra de la grandilocuencia aparecía un Sol indignado con la solemnidad. Escondido tras edificios de demasiadas plantas aparecían templos egipcios adorados por miles de seguidores paganos a la búsqueda del Dios de la calle. Esta vez la miré a los ojos y me encontré expulsado del casino de Torrelodones. Por fin miré tras la cortina y pude ver Madrid de la common people, que es capaz de distinguir entre raciones y tapas. Donde es posible conocer a desconocidos. Una ciudad que escondía tras la cortina rios y rosas. Bajé a las catacumbas de la indignación donde todavía algunos conversos luchan para poder escoger su derrota. Por fin abandoné Kansas y llegué a Oz por caminos de flores siguiendo a Dorothy. Ella me mostró otros leones, algún espantapájaros inteligente y que los hombres de hojalata relucen menos por la noche.
Tras la cortina de Madrid descubrí que la provocación es mi vocación. Cenar se elevó a un nuevo concepto. Y escuchar no fue antónimo de hablar. Conversar se pareció mucho a versar. Descubrí que las guías del viajero se esconden bajo un montón de libros viejos, tapadas por las guías turísticas.
Esta vez la vi. Tras una cortina rojigualda. Llevaba pitillos ajustados. Era Lady Madrid. Ya te entiendo Ismael. por qué tú siempre vuelves a Madrid.

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Ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar
Aquí aún te hablo.